domingo, 24 de agosto de 2014

De la agonía

La virgencita de no sé dónde en el techo como dibujada con la mente. En la capilla hay olor a caldo de llorones y las hermanitas de la congregación de algo como la pena. Los hambrientos esperan afuera. Todos entran. El sacerdote lee la Biblia. La gente le pide cosas que no existen para que se las pida a Dios. Él le pide como borracho la paz, el amor, el pan y no sé qué piensa de la Biblia. La cierra. El curita piensa que todos están locos. La misa termina. Los locos se van satisfechos y no tienen hambre hasta el día siguiente. Dios se queda con la paz porque nadie fue a buscarla.