martes, 28 de abril de 2015

Adulto que duerme

Dibujando como un niño al infierno vivo, sin padres golpeándolo más fuerte que un vaso de vino, sintiendo el puñetazo del alcohol frío en el estómago y naufragándose con el mundo. El niño que ya había crecido y ahora no era más que eso (ilusión de infancia absoluta en un cuerpo adulto) se hacía a un lado de la muerte para definirse tan vivo como inédito. Y se daba una y otra vez en cabezazo con la hoja blanca, una y otra vez la tinta negra en atentado consigo.

Dormir la nada, amanecía. Y el adulto en insomnio se desvanecía con el día (así el sol no saldría jamás). Pero le penetraba por los ojos el saberse en otro momento, que existe sí, o que no existe cuando no se percibe. Y no era para nadie lo que no le estaban siendo, dormía.