miércoles, 26 de noviembre de 2014

Fosa

hoy tengo que viajar
a nadie
para tenerte nunca
pareciera
el verbo corromper
abierto
en tu fosa oscura

morirse tiene el color
hermoso
de la herida
abierta en tu mano impune
que se cierra y se abre como un que no
que no es posible

quiero decirte el amor
sin hundirme

martes, 25 de noviembre de 2014

243

Se me parte la cabeza porque quiero decir tu nombre de entre los ojos y el pensamiento, de la sien habitada por tu sonido invisible; lo horrible del deseo es la ausencia, lo horrible de la ausencia es estar existiendo ahora, en esta noche y en este mundo, a doscientos cuarenta y tres años de tu asiento.
El camarero nos pone en la mesa los insultos, qué queremos. Bueno, yo quiero el universo, él lleva y trae mientras pienso en tu nombre celeste. Está muy bien que te excaves para hacerte hombre pero yo prefiero anudarme, meterme la palabra en la boca como un ladrido atascado en la rabia y aplastarlo a manotazos en el poema. Lo equívoco del texto no digerido es siempre una certeza, quiero decir no acudir a tu llamado pero seguirte.
El hábito sucio de enamorarse tiene más sentido diciéndote que no y que nunca que estampándote un beso contra la boca como un animal salvaje. Tiene más sentido y es más sano, plasmas sin-cuerpos con una lámina espesa de piel vacía-suave para hacer la reproducción amena, por una cuestión evolutiva y nada más. No hay necesidad de tenerme tan en cuenta en este asunto del dolor.

El tórax se desarma siemprevirgen (hay cosas que la poesía no puede decir de otro modo).

lunes, 24 de noviembre de 2014

Anoche

A veces no sé escribir la media taza levantándola vos, café, y hacer el resto del ritual: morder la voz, cantante, y ensayar qué decirte anoche.
Cuando se deshace no es posible amar más, el dibujo te desata la trenza varonil un poco. Se te aparecerá como una llamarada en tu hoja ceniza, y no es creíble que no estés agonizando, la pena tiene un nombre diferente en tu apocalipsis.
Desprenderse es crecer a niño, y el juego, un impulso mamífero. Parir de la herida a la muñeca muda, aunque tendrás tus juguetes favoritos.
El tiempo no se puede. Volverse es profanarse, entendiste bien lo de desgarrarse la boca.
En este poema estoy teniendo demasiadas.
En este poema no hay beso para la palabra.

martes, 18 de noviembre de 2014

Despropósito

Te bajaste del coche con un despropósito tremendo, me miraste lo impenetrable y me dijiste, porque sabés lo mucho que me gusta ser una palabra tuya. En la radio sonaba esa canción que dice en el estribillo que no se puede, no se puede, y nunca se pudo. Entraste a tu casa, seguramente tomaste un vaso de agua antes de irte a la cama. Yo cerré la puerta y me fui al demonio.
No creo en anagogías pero está lloviendo bastante fuerte como para no llorarte. Y para detenerse hay que hacerlo, un poco para curtirse y un poco para olvidarte, porque no hay nada mejor que la ignorancia para acaecerse. Las despedidas tienen su historia ensimismada, no me hace falta decir nada mientras pongo tus restos en la bolsa de basura, todos supernumerarios: desde el cepillo de dientes hasta los hijos que no hemos criado. Es que si hubieras querídome más que de los huesos hacia dentro no estaría descarnándome de esta manera. Ahora así reversiono la taxidermia, nuestros deshechos revueltos en el mismo cesto y tu piel con demás mujeres, y yo haciéndome otra a golpes de letra y palabra, de insulto.
Hay algo en la segunda persona (vos) que está siendo en otra parte que no quiero saber mientras me enredo en el pretérito que fuiste (fuimos), y eso tiene más de un sentido válido. La ruptura es de esas curiosidades de vitrina, el ejemplar masculino en perfectísima disección y la hembra orgánica en accidente histérico sabiendo bien dónde: en el maldito. Los errores se cometen y se nos son cometidos pero ahora soy inadmisible y vos, abismo. Y me pierdo, porque rompiendo tus cosas estoy rompiendo también las mías (es cuestión de identidades) y la soledad cobra otro sentido cuando es no-estar-con-alguien. Es imposible codificar quién de los dos es más pérdida, aunque no quiero decir que esto es una contienda.
No sé discernir a la perfección la humanidad de los procesos espirituales: ya no queda nada. No puedo deshacerme del mobiliario subnormal que alguna vez hayas tocado porque no estoy cavando mi propia sepultura, la cama está aun en el cuarto disfrutando el vacío, y yo mirando la luna indeleble para remediar el flagelo.

martes, 11 de noviembre de 2014

Árbol

el cuello
bífedo

la trenza larguísima lo escribe demasiado

enredándose a la derecha
de sus ataduras
a la izquierda
de su fotografía
y al centro
germinándose
fósil
en la tierra
seca

para volar hay que sentirse más pájaro

miércoles, 5 de noviembre de 2014

Humo

Tiene un poco de punzante la córnea, mirar la nada. Quiero decir el humo negro del cigarrillo levitando en el brazo del sillón donde me hundo. Del sillón que me aspira del humo que me sofoca como un hilado de alambres en el cuello, un collar de perlas dulces. Me lo arranco y me las trago como una docena de venenos al cuerpo, me las trago al cuerpo. Bueno, no me gusta flagelarme pero siempre digo que es menester cuando se es ciego. Y leo en voz alta todo lo que estoy escribiendo, digo puta malnacida y digo enferma y dejo la palabra latente. Escupo. Me meto los dedos en la boca, casi la mano entera. Hay que poner un poco de orden en la rabia, es que la niña llora y yo convulsiono. El ejercicio de la paz me deprime.
No sé bien la caja musical completa, la bailarina dando vueltas a la máquina. La niña llora y yo nunca tuve una. No llores, mi amor, es que mamá no la puede arreglar ahora, tiene que llevarla al doctor (hay que mentirse un poco para amortiguar el golpe). La cara estampada en llanto contra la cajita de madera petrificada como la muñequita, esa muñequita de mierda parapléjica en la pesadilla. No hay que ser nunca una bailarina de juguete, con la sonrisa en la cara pintada en Pekín por alguien que no sabe jugar, jamás.
Le canto una nana y la arullo, mi niña, mi niña. Tenés que sonreir un poco, a dormir, tenés que dormir, mi niña, a dormir, a dormir. Cuando te despiertes va a girar y vos también, mi amor, vos también.
De todos modos nunca le importa quién es su madre cuando está casi dormida, la soledad se hace tangible cuando se está despierto en una habitación sin cuna fumando un cigarrillo. En silencio quemándose la boca pintada por la infancia, agonizando el cuerpo impenetrable.

lunes, 3 de noviembre de 2014

Edilicia

Hay que saber algunas palabras en latín para decir Kandinsky, un poco de sintaxis para dibujar el plano y poner el punto. El punto final me decían en la escuela y en la universidad, el punto en la hoja, un poco de inicio, eso quiere decir dibujar. Se empieza con la A y se termina con la gráfica que habla un poco de la vida antes de la vida: el obrero lleno de cal y deus ex machina son la misma persona. La construcción, el inicio de los inicios. A veces hay que ser un poco más casa que poeta.
Hoy soy una casona con un balcón larguísimo y tengo tres ventanales negros que dan al abismo
1. La palabra
2. La agonía
(y finalmente)
3. El derrumbe
Soy un poco de todas las ventanas. Ningún otro inmueble se parece a mí al menos en esta avenida. También soy el balcón de hierro forjado, con H, soy la letra H y el peligro de derrumbe entre edificios cuadrados, soy la O redonda, los cimientos húmedos. Así soy el frente.
Abajo tengo un banco internacional donde la gente entra y sale y se toma los taxis que me canso de esperar. La puerta está escondida a un lado pero es altísima, o todos los que se atreven a entrar son minúsculos. Hay un pasillo largo, soy ese pasillo eterno.
El pasillo no lleva a ninguna parte.
La infancia es arquitectura.

Alzarse

Cómo abrir la boca más de ciento ochenta grados sin desgarrarse un poco. A ver, hay que mirar un poco para arriba un poco las gárgolas de la Buenos Aires del siglo veintiuno, un poco más muertas que en mil novecientos y pico, y abrir la boca para llenarla de agua de lluvia. Así se hace tu arquitectura un poco oscura y un poco victoriana como esas faldas. Mi falda es más bien de niña gitana niña. Sin padres huérfana. Falda de huérfana. Y miro para arriba cómo vuelan los aguiluchos que trajo a la ciudad algún corrupto para que se coman a las palomas. Pobres palomas llenas de piojos. Y me crecen alas llenas de piojos. Y me queda la mandíbula antagónica y la falda más huerfana y las alas más muertas que las gárgolas catalépticas. Y soy un poco de náusea pero sigo teniendo estos ojitos de la infancia que no pudieron mutilarme porque por inercia no crecí nunca. Aun conservo mi cuna con las sábanas rosas es el encierro. Y un poco sé volar destartalada porque sabés el smog le hace tanto daño químico a los niños. Y el cigarrillo. Y fumo un poco de todo eso del cigarrillo del caño de escape de los vehículos de los dientes la orfandad y los parásitos pero siempre alzo la cabeza levanto un poco la mandíbula y miro cómo llueve en los tejados con este par de ojos religiosos. Para escribir también hay que mirar un poco el cielo.

domingo, 2 de noviembre de 2014

Pesadilla

Lo único que conservo de la infancia es la pesadilla, el sueño de la muerte pequeña. Corro a mitad de la noche a hundirme en la cama de mi padre difunto papá vas a volver para mi cumpleaños y le pregunto si puedo dormir con él y me deja espacio entre él y mamá que siempre me dice que sí y no hay motivo para despertarla. Bueno, sí que tengo razones para despertarla pero no es buen augurio pedirle cosas imposibles o que no le interesan como dejarme o no veinte centímetros para dormir a su lado. Ellos duermen con todas las luces apagadas y el colchón es bastante ancho. El colchón es mi abismo, ahí me hundo ya lo dije antes. A la mañana siguiente me despierto y estoy sola en mi casa pero en mi cuarto están mis muñecas y en la biblioteca están Lucas Lenz y la obra de una mujer que se llama Agatha, a partir de ahora supongo yo voy a ver un poco de misterio todos los días por los próximos quince años. Dentro de quince años voy a ser un misterio. Voy a ser exitosa y amada y también exótica misteriosa un ejemplar. Entonces suena algo que parece el teléfono y pienso en que no dudaría la procedencia del ring ring ring si estuviera haciendo otra cosa y me despierto del sueño para atender el llamado. Cuando llego al comedor deja de sonar porque despertarse pararse correr conlleva más tiempo que algunos rings. Preparo un termo con agua caliente y le pongo hasta la mitad de yerba al mate de vidrio, prendo la televisión para darle importancia a algo y me encuentro sola en mi casa. Pero en mi cuarto hay un cuadro de Dalí y en la biblioteca están los Buendía y la obra de una mujer que se llama Alejandra.

Casa

En mi departamento de soltera hay una silla y un escritorio, sobre el escritorio toneladas de papel y un cenicero lleno de colillas y cigarrillos a medio fumar, porque la palabra solía llegar pesada y sólida y concatenada y había que apagar el asunto para no perder el flujo de la eternidad que estaba escribiendo ahí, en un papel en esa mesa, sentada en esa silla con un cigarrillo en una mano y un lápiz en la otra, en mi departamento de soltera que sigue ahí mismo donde lo dejé sobre la avenida Nazca a algunos metros de la plaza, en la cuadra del único hipermercado de la zona.
Nunca me fui de esa casa del malentendimiento, el tiempo pasado es más bien una forma de traspasar la puerta sin cerrojo del edificio que solo se abre por inercia al cartero y las viandas a domicilio. He dejado entrar al electricista alguna vez, he dejado salir al perro solo a orinar o hacer caca o nada y volver a entrar, he escuchado a los testigos de Jehová una o dos veces. Hubo quienes llamaron a la puerta y no recibieron respuesta, y también quienes no sabían que yo vivía allí ni les importaba, y quienes ni siquera se imaginaban que allí era un lugar del mundo. Algunas personas deben haber soñado con mi casa y conmigo dentro escribiendo o poniendo la pava llena de agua en el fuego.
Una vez un hombre tocó el timbre y preguntó por mi nombre. Pero mi departamento de soltera nunca es demasiado más que una oración larguísima.

sábado, 1 de noviembre de 2014

Ventana

La furia de la ventana cerrándose al viento encerrándome en mi casa con el humo de este cigarrillo que podría ser otro porque no es de las cosas que me importen.
El plato lleno esperándome en la mesa tampoco.
La mano enredada en los fideos tampoco.
El gato envenenándose con restos de comida tampoco.
Las baterías de mi cámara de fotos tampoco.
La prosa tampoco.
Tu ausencia cerrándose al viento encerrándome en mí misma con el humo de este cigarrillo que no podría ser otro porque lo estoy besando sí.
La soledad también.