Se me parte la cabeza porque quiero decir tu nombre de entre los ojos y el pensamiento, de la sien habitada por tu sonido invisible; lo horrible del deseo es la ausencia, lo horrible de la ausencia es estar existiendo ahora, en esta noche y en este mundo, a doscientos cuarenta y tres años de tu asiento.
El camarero nos pone en la mesa los insultos, qué queremos. Bueno, yo quiero el universo, él lleva y trae mientras pienso en tu nombre celeste. Está muy bien que te excaves para hacerte hombre pero yo prefiero anudarme, meterme la palabra en la boca como un ladrido atascado en la rabia y aplastarlo a manotazos en el poema. Lo equívoco del texto no digerido es siempre una certeza, quiero decir no acudir a tu llamado pero seguirte.
El hábito sucio de enamorarse tiene más sentido diciéndote que no y que nunca que estampándote un beso contra la boca como un animal salvaje. Tiene más sentido y es más sano, plasmas sin-cuerpos con una lámina espesa de piel vacía-suave para hacer la reproducción amena, por una cuestión evolutiva y nada más. No hay necesidad de tenerme tan en cuenta en este asunto del dolor.
El tórax se desarma siemprevirgen (hay cosas que la poesía no puede decir de otro modo).
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