En Recoleta el sol brilla como un animal en celo, y el calor interrumpe la congestión de mis pulmones. Los pájaros chillan una canción absurda, hay camiones y coches y todos hacemos ruido: gritamos viva el amor y la esperanza mientras deseamos que se acabe esta humanidad desastrosa. Nunca llamo las cosas por su nombre, pero él que es tan apto para denominar, llamaría a este día uno más y a mi poema un trastorno psiquiátrico? Sabría definirme justo hoy que estoy sentada en este barrio tan lejos de mi cuerpo? Sé desistir a esas respuestas, recibir mudez y generar silencios, porque todavía no puedo cuestionar cada uno de mis pasos.
Cuando aprendí a mirar para arriba vi mujeres cerrar ventanas y desenredar persianas como uno se desenreda de las cosas que no comprende. Vi cúpulas, pero ninguna de ellas llevaba puesto un vestido, entonces las reinventé semidesnudas. Vi monstruos que nunca supe en qué estilo cabían y me reescribí asumiéndolos míos, y construcciones que existieron cuando ninguno de los dos habíamos nacido. Me pregunto si esto que estoy haciendo valdrá en un futuro lejano como un ejemplo de persona del segundo milenio, creyéndome hoy tan incompleta y encerrada en tiempos de libertad.
El mozo va y viene mientras estoy quietísima en la mesa de la ventana, tengo el presentimiento de que también puede percibir lo que asusta de los ángulos que ignoramos. Asumo que aun así prefiere igual que yo quedarse en el lugar al que pertenece: este bar y esta falta, y mirar adentro de las tazas con melancolía asegurando que alguien alguna vez bebió de la inmensidad que una sola de ellas puede abarcar. Me fuerza a determinar qué voy a querer simulando no saber que el verbo tiene más de un significado y tantas respuestas posibles como preguntas me inundan, y le pido solamente una cosa queriéndolo todo conmigo: un café solo y negro.
martes, 19 de septiembre de 2017
lunes, 18 de septiembre de 2017
insecticidio
No soy yo, es la primavera fría y nocturna la que predice un verano vacío. Hoy quise ver el sol con mi ojo astigmático y vi mi nombre nublado y triste, y la tarde padeció toda la ternura y palabra de tus dedos. En este septiembre florece todo lo que puede, la invalidez por ejemplo, y lo que no siempre queda latente como tu compañía. En el norte del norte la gente se suicida porque todas sus noches son ésta y se retuercen como pichones que nunca llegan al cielo.
Quise alimentar la única parte tuya que dejaste en mi casa e inexorablemente tus gusanos habían muerto como si hubiera concebido y acabado una misión traicionera. Mi meta no fue sobrevivir a la naturaleza, fue ultrajarla, escribirle poemas con flores arrancadas, porque así construí mi lugar en el mundo. Tejí incesante mil poemas invisibles entrelazados con silencios elaborados y te regalé así mi insecticidio, intentando convencerte de que lo mejor de mí era mi fase quieta.
En esta crisálida me preparé para lo incorrecto: dormí inventándote como las mariposas que no cumplen el ciclo y se limitan a reventarse contra las paredes cavando en sus cunas su propia sepultura, me diste alas y me las pegué con palabras clave haciendo una descripción secreta de una mujer incierta y un llanto inexplicable. Y ahora que oscurece entiendo por qué las larvas que consumen y fulminan lo dulce de las cosas acaban siendo moscas revolviendo la basura y no magia en mariposa, y sé que lo que me diste no se largó a volar nunca porque supe desaprovecharlo.
Quise alimentar la única parte tuya que dejaste en mi casa e inexorablemente tus gusanos habían muerto como si hubiera concebido y acabado una misión traicionera. Mi meta no fue sobrevivir a la naturaleza, fue ultrajarla, escribirle poemas con flores arrancadas, porque así construí mi lugar en el mundo. Tejí incesante mil poemas invisibles entrelazados con silencios elaborados y te regalé así mi insecticidio, intentando convencerte de que lo mejor de mí era mi fase quieta.
En esta crisálida me preparé para lo incorrecto: dormí inventándote como las mariposas que no cumplen el ciclo y se limitan a reventarse contra las paredes cavando en sus cunas su propia sepultura, me diste alas y me las pegué con palabras clave haciendo una descripción secreta de una mujer incierta y un llanto inexplicable. Y ahora que oscurece entiendo por qué las larvas que consumen y fulminan lo dulce de las cosas acaban siendo moscas revolviendo la basura y no magia en mariposa, y sé que lo que me diste no se largó a volar nunca porque supe desaprovecharlo.
domingo, 10 de septiembre de 2017
granizo
Hoy te despertaste antes que yo acompañando los golpazos de piedras en el techo, dejaste un desayuno real en la mesa y me esperaste, como se supone se esperan a las personas reales. La alarma sonó prediciendo mi rutina invisible, 24 7 inexistente, y apagó los segundos en los que logro ser un grito y maldecir, o un susurro haciendo preguntas que nadie responde. Me acerqué pero tu cuerpo nos dolía como una puñalada en la espalda. Había tomado la decisión de dejarme atravesar por todas tus palabras, sin dejar ninguna anclada en ninguna parte de mi fantasmagoría, porque mirando en otra dirección no se puede leer en voz alta. Hablar de mí no se puede y menos a estas horas, principalmente porque soy silenciosa, y en segundo plano porque no te dejo. Mis madrugadas son desconocidas, las mañanas, el café y mis tostadas, pero hoy vos las dejaste en la mesa y volví a la tierra por un segundo, me las comí todas y quise más, y quise tantas tostadas como tiempo me quedaba para ser mujer, y cuando se acabó mi insistencia fumé un cigarrillo y me fui. En la calle la lluvia se lo había llevado todo, el colectivo pasó rapidísimo haciendo de cómplice para mi huída, lo tomé y deseé no tener que bajarme nunca. Caminé hasta mi casa mereciendo empaparme de lágrimas de otro, y llegada encontré un vacío incontrolable. Me puse a bailar con él desesperada buscando consuelo, apoyé la cabeza en la mesa y pensé aturdida: esta tormenta es lo mejor que puedo hacer. Mi primer quehacer fue liberar los gusanos que escondí en la biblioteca, pero todos estaban muertos. Levanté papeles del suelo, encontré cosas tuyas que te saqué mientras me mirabas y nunca quise devolverte. Te encontré en todos los rincones esperando que te dijera algo y me quedé callada mientras seguía no haciéndome cargo de todo lo que había abandonado. Me senté a escribir, quería inventar algo que me hiciera salir de esta decepción, y lo único que logré fue emprender mi regreso al único lugar que conozco.
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