viernes, 19 de diciembre de 2014

Caso 1

Mirá esto: la muerte es un anillo, se pierde en mi mano, te apunto con el dedo índice. Soy muy curiosa, tu reacción asertiva me abre el cuerpo al mundo.
Primero estos ojos llenos de espejos, esto sucede porque escribo. Sostenés lo insostenible, lo inevitable; acto seguido el alma es expulsada como un aro de humo por la boca, vos suspendés la respiración con un grito mudo y decís mi nombre: yo tampoco puedo respirar ahora.
La lámpara se balancea compasiva. Aparecés diafragmático, perturbado. Yo no te lastimé, yo estoy bien: hay casos que la ciencia no puede abarcar, y yo me pregunto por qué nos duele. Decís que hay una densidad diferente en el lado frágil de la cumbre, que los pulmones se comprimen más de lo que se dilatan. Yo intento tocar tu invisibilidad con la lengua y te llamo a la luna como un perro huérfano para que alguien me quiera, me esfuerzo para ser el pujo.
De algún modo termina todo con la puerta siemprentreabierta y el pesar intacto.

domingo, 14 de diciembre de 2014

Magia

Sacás de la manga una palabra: pasa (el verbo conjugado que me pregunto noches como esta). Yo repito con esa voz que me sale cuando intento hacer todo mejor de lo que puedo, no quiero llegar a edades determinadas por nadie. Juego a lo que no decís, al misterio, quiero saber cómo se hace. Vos te quedás amordazado, no te importa, entonces te sale volando un pájaro del pecho, migra. Aplaudo el truco, muy bien, lo hacés muy bien. Cuando era niña no me gustaba la magia, me preguntaba cómo hacía el ave para no morir antes del truco, cómo eran tan crueles las camisas cosidas especialmente para los magos. Ahora toda camisa me parece un lugar del que hay que escaparse. La abotonás y agradecés, yo sigo desconcertada. En un chas desparecés de mi vista. Ahora sí creo.