Abro el caramelito rojo con la misma delicadeza que tengo para desvestir hombres, me trago el envoltorio y escribo persona A besa apasiomadamente a B que se eleva, levita, asciende. Saboreo el polvo en la lengua. Escribo A lo adora. Mastico el caramelo con el mismo sabor insoportable de mis labios. Tomo nota B haciéndose de las manos un verbo y el amor es desesperado. Me seco la boca con el puño y fin del cuento: vivieron felices por siempre. Me purgo y sonrío, me exilio. La imprenta lo hace un libro de tapa dura. Mientras tanto se me desagran órganos inútiles y caigo en devolución imparcial. La publicación resulta maravillosa. Esa noche duermo mal y sin ganas. Me llaman a canales de televisión que pretenden hacerlo cinematográfico. Ahora en mi mansión de Pilar me imagino una boda excelente en un vestido espléndido. Nunca aparecés. Levito, asciendo.