No te tomes esta carta demasiado a pecho porque está vacía de conocimiento, solo quiero decirte todo lo que me atraviesa ahora. Sabés, no te voy a pedir mil perdones y tampoco quiero hacerte enojar. No te quiero hacer volver ni llegar, nada de eso. Sabés que no me gusta intimidar a la gente.
Parece mentira pero el lugar feliz se escribe: hay un lápiz y un cuaderno. Vos no estás. Pero no te preocupes porque puedo inventar en letras casi todo. Vos no estás pero si estuvieses serías celeste. Tendrías una taza caliente entre las manos y una mirada interesada en el detalle, podría ser también una cara de recién levantado que me haría feliz ver si existiese. Tendrías las uñas escamadas y algunas callosidades en los dedos de hacer tanta hermosura. Tu carácter sería una mierda y pedirías demasiadas explicaciones que yo te daría siempre. Pelearíamos como hermanos, nos retorceríamos como nunca.
Ya sé que estoy escribiéndote algo horrible, es el deseo. La soledad tiene muchas cosas bellas pero tiene la cosa punzante en el alma. Si existieras te lo explicaría con las manos apretadísimas entre sí, la presión de ese vacío de mierda. Vos me entenderías porque también sabrías la noche y me darías abrazos inmensos para curarnos, esos abrazos de almohada. Y vendrías a buscarme cuando mi hijo sale porque sabés lo mal que me hace su ausencia. También te daría hijos. Podríamos planear sus nombres juntos y pasar la vida entera. O quizás no te daría ninguno para no abrumarte: esto es dificilísimo. Pero las dos cosas serían perfectas. Podríamos emborracharnos, quién sabe, para ser más niños que durante el día. Y podría irme a dormir sola para que hagas lo tuyo y no molestarte, para que encuentres el rato fresco. Enojarme por la puerta abierta del baño o el piso mojado, o vos por el desorden, o los platos sucios, o porque le hablé a un hombre en el supermercado, o porque escribí algo hermoso sin tu nombre. Como ahora que estás infinito Dios sabe dónde y no te estoy buscando.
Cuando lo leas, explicame la apnea. Yo sé que soy un poco zafia para decir las cosas pero quiero que se entienda. Cómo te digo, cuando aparezcas. No me digas por qué tardaste tanto pero contame todo para hacerte visible. Decime el presente, esas cosas que son casi un insulto. El trabajo, el clima, algo de la televisión o el año de tu nacimiento. Dejame que me ocupe de desenterrar el resto mientras vos lo hacés conmigo.
Espero que algún día entiendas el motivo de mi carta: te estoy mandando los cariños que no nos dimos nunca.