viernes, 19 de diciembre de 2014

Caso 1

Mirá esto: la muerte es un anillo, se pierde en mi mano, te apunto con el dedo índice. Soy muy curiosa, tu reacción asertiva me abre el cuerpo al mundo.
Primero estos ojos llenos de espejos, esto sucede porque escribo. Sostenés lo insostenible, lo inevitable; acto seguido el alma es expulsada como un aro de humo por la boca, vos suspendés la respiración con un grito mudo y decís mi nombre: yo tampoco puedo respirar ahora.
La lámpara se balancea compasiva. Aparecés diafragmático, perturbado. Yo no te lastimé, yo estoy bien: hay casos que la ciencia no puede abarcar, y yo me pregunto por qué nos duele. Decís que hay una densidad diferente en el lado frágil de la cumbre, que los pulmones se comprimen más de lo que se dilatan. Yo intento tocar tu invisibilidad con la lengua y te llamo a la luna como un perro huérfano para que alguien me quiera, me esfuerzo para ser el pujo.
De algún modo termina todo con la puerta siemprentreabierta y el pesar intacto.

domingo, 14 de diciembre de 2014

Magia

Sacás de la manga una palabra: pasa (el verbo conjugado que me pregunto noches como esta). Yo repito con esa voz que me sale cuando intento hacer todo mejor de lo que puedo, no quiero llegar a edades determinadas por nadie. Juego a lo que no decís, al misterio, quiero saber cómo se hace. Vos te quedás amordazado, no te importa, entonces te sale volando un pájaro del pecho, migra. Aplaudo el truco, muy bien, lo hacés muy bien. Cuando era niña no me gustaba la magia, me preguntaba cómo hacía el ave para no morir antes del truco, cómo eran tan crueles las camisas cosidas especialmente para los magos. Ahora toda camisa me parece un lugar del que hay que escaparse. La abotonás y agradecés, yo sigo desconcertada. En un chas desparecés de mi vista. Ahora sí creo.

miércoles, 26 de noviembre de 2014

Fosa

hoy tengo que viajar
a nadie
para tenerte nunca
pareciera
el verbo corromper
abierto
en tu fosa oscura

morirse tiene el color
hermoso
de la herida
abierta en tu mano impune
que se cierra y se abre como un que no
que no es posible

quiero decirte el amor
sin hundirme

martes, 25 de noviembre de 2014

243

Se me parte la cabeza porque quiero decir tu nombre de entre los ojos y el pensamiento, de la sien habitada por tu sonido invisible; lo horrible del deseo es la ausencia, lo horrible de la ausencia es estar existiendo ahora, en esta noche y en este mundo, a doscientos cuarenta y tres años de tu asiento.
El camarero nos pone en la mesa los insultos, qué queremos. Bueno, yo quiero el universo, él lleva y trae mientras pienso en tu nombre celeste. Está muy bien que te excaves para hacerte hombre pero yo prefiero anudarme, meterme la palabra en la boca como un ladrido atascado en la rabia y aplastarlo a manotazos en el poema. Lo equívoco del texto no digerido es siempre una certeza, quiero decir no acudir a tu llamado pero seguirte.
El hábito sucio de enamorarse tiene más sentido diciéndote que no y que nunca que estampándote un beso contra la boca como un animal salvaje. Tiene más sentido y es más sano, plasmas sin-cuerpos con una lámina espesa de piel vacía-suave para hacer la reproducción amena, por una cuestión evolutiva y nada más. No hay necesidad de tenerme tan en cuenta en este asunto del dolor.

El tórax se desarma siemprevirgen (hay cosas que la poesía no puede decir de otro modo).

lunes, 24 de noviembre de 2014

Anoche

A veces no sé escribir la media taza levantándola vos, café, y hacer el resto del ritual: morder la voz, cantante, y ensayar qué decirte anoche.
Cuando se deshace no es posible amar más, el dibujo te desata la trenza varonil un poco. Se te aparecerá como una llamarada en tu hoja ceniza, y no es creíble que no estés agonizando, la pena tiene un nombre diferente en tu apocalipsis.
Desprenderse es crecer a niño, y el juego, un impulso mamífero. Parir de la herida a la muñeca muda, aunque tendrás tus juguetes favoritos.
El tiempo no se puede. Volverse es profanarse, entendiste bien lo de desgarrarse la boca.
En este poema estoy teniendo demasiadas.
En este poema no hay beso para la palabra.

martes, 18 de noviembre de 2014

Despropósito

Te bajaste del coche con un despropósito tremendo, me miraste lo impenetrable y me dijiste, porque sabés lo mucho que me gusta ser una palabra tuya. En la radio sonaba esa canción que dice en el estribillo que no se puede, no se puede, y nunca se pudo. Entraste a tu casa, seguramente tomaste un vaso de agua antes de irte a la cama. Yo cerré la puerta y me fui al demonio.
No creo en anagogías pero está lloviendo bastante fuerte como para no llorarte. Y para detenerse hay que hacerlo, un poco para curtirse y un poco para olvidarte, porque no hay nada mejor que la ignorancia para acaecerse. Las despedidas tienen su historia ensimismada, no me hace falta decir nada mientras pongo tus restos en la bolsa de basura, todos supernumerarios: desde el cepillo de dientes hasta los hijos que no hemos criado. Es que si hubieras querídome más que de los huesos hacia dentro no estaría descarnándome de esta manera. Ahora así reversiono la taxidermia, nuestros deshechos revueltos en el mismo cesto y tu piel con demás mujeres, y yo haciéndome otra a golpes de letra y palabra, de insulto.
Hay algo en la segunda persona (vos) que está siendo en otra parte que no quiero saber mientras me enredo en el pretérito que fuiste (fuimos), y eso tiene más de un sentido válido. La ruptura es de esas curiosidades de vitrina, el ejemplar masculino en perfectísima disección y la hembra orgánica en accidente histérico sabiendo bien dónde: en el maldito. Los errores se cometen y se nos son cometidos pero ahora soy inadmisible y vos, abismo. Y me pierdo, porque rompiendo tus cosas estoy rompiendo también las mías (es cuestión de identidades) y la soledad cobra otro sentido cuando es no-estar-con-alguien. Es imposible codificar quién de los dos es más pérdida, aunque no quiero decir que esto es una contienda.
No sé discernir a la perfección la humanidad de los procesos espirituales: ya no queda nada. No puedo deshacerme del mobiliario subnormal que alguna vez hayas tocado porque no estoy cavando mi propia sepultura, la cama está aun en el cuarto disfrutando el vacío, y yo mirando la luna indeleble para remediar el flagelo.

martes, 11 de noviembre de 2014

Árbol

el cuello
bífedo

la trenza larguísima lo escribe demasiado

enredándose a la derecha
de sus ataduras
a la izquierda
de su fotografía
y al centro
germinándose
fósil
en la tierra
seca

para volar hay que sentirse más pájaro

miércoles, 5 de noviembre de 2014

Humo

Tiene un poco de punzante la córnea, mirar la nada. Quiero decir el humo negro del cigarrillo levitando en el brazo del sillón donde me hundo. Del sillón que me aspira del humo que me sofoca como un hilado de alambres en el cuello, un collar de perlas dulces. Me lo arranco y me las trago como una docena de venenos al cuerpo, me las trago al cuerpo. Bueno, no me gusta flagelarme pero siempre digo que es menester cuando se es ciego. Y leo en voz alta todo lo que estoy escribiendo, digo puta malnacida y digo enferma y dejo la palabra latente. Escupo. Me meto los dedos en la boca, casi la mano entera. Hay que poner un poco de orden en la rabia, es que la niña llora y yo convulsiono. El ejercicio de la paz me deprime.
No sé bien la caja musical completa, la bailarina dando vueltas a la máquina. La niña llora y yo nunca tuve una. No llores, mi amor, es que mamá no la puede arreglar ahora, tiene que llevarla al doctor (hay que mentirse un poco para amortiguar el golpe). La cara estampada en llanto contra la cajita de madera petrificada como la muñequita, esa muñequita de mierda parapléjica en la pesadilla. No hay que ser nunca una bailarina de juguete, con la sonrisa en la cara pintada en Pekín por alguien que no sabe jugar, jamás.
Le canto una nana y la arullo, mi niña, mi niña. Tenés que sonreir un poco, a dormir, tenés que dormir, mi niña, a dormir, a dormir. Cuando te despiertes va a girar y vos también, mi amor, vos también.
De todos modos nunca le importa quién es su madre cuando está casi dormida, la soledad se hace tangible cuando se está despierto en una habitación sin cuna fumando un cigarrillo. En silencio quemándose la boca pintada por la infancia, agonizando el cuerpo impenetrable.

lunes, 3 de noviembre de 2014

Edilicia

Hay que saber algunas palabras en latín para decir Kandinsky, un poco de sintaxis para dibujar el plano y poner el punto. El punto final me decían en la escuela y en la universidad, el punto en la hoja, un poco de inicio, eso quiere decir dibujar. Se empieza con la A y se termina con la gráfica que habla un poco de la vida antes de la vida: el obrero lleno de cal y deus ex machina son la misma persona. La construcción, el inicio de los inicios. A veces hay que ser un poco más casa que poeta.
Hoy soy una casona con un balcón larguísimo y tengo tres ventanales negros que dan al abismo
1. La palabra
2. La agonía
(y finalmente)
3. El derrumbe
Soy un poco de todas las ventanas. Ningún otro inmueble se parece a mí al menos en esta avenida. También soy el balcón de hierro forjado, con H, soy la letra H y el peligro de derrumbe entre edificios cuadrados, soy la O redonda, los cimientos húmedos. Así soy el frente.
Abajo tengo un banco internacional donde la gente entra y sale y se toma los taxis que me canso de esperar. La puerta está escondida a un lado pero es altísima, o todos los que se atreven a entrar son minúsculos. Hay un pasillo largo, soy ese pasillo eterno.
El pasillo no lleva a ninguna parte.
La infancia es arquitectura.

Alzarse

Cómo abrir la boca más de ciento ochenta grados sin desgarrarse un poco. A ver, hay que mirar un poco para arriba un poco las gárgolas de la Buenos Aires del siglo veintiuno, un poco más muertas que en mil novecientos y pico, y abrir la boca para llenarla de agua de lluvia. Así se hace tu arquitectura un poco oscura y un poco victoriana como esas faldas. Mi falda es más bien de niña gitana niña. Sin padres huérfana. Falda de huérfana. Y miro para arriba cómo vuelan los aguiluchos que trajo a la ciudad algún corrupto para que se coman a las palomas. Pobres palomas llenas de piojos. Y me crecen alas llenas de piojos. Y me queda la mandíbula antagónica y la falda más huerfana y las alas más muertas que las gárgolas catalépticas. Y soy un poco de náusea pero sigo teniendo estos ojitos de la infancia que no pudieron mutilarme porque por inercia no crecí nunca. Aun conservo mi cuna con las sábanas rosas es el encierro. Y un poco sé volar destartalada porque sabés el smog le hace tanto daño químico a los niños. Y el cigarrillo. Y fumo un poco de todo eso del cigarrillo del caño de escape de los vehículos de los dientes la orfandad y los parásitos pero siempre alzo la cabeza levanto un poco la mandíbula y miro cómo llueve en los tejados con este par de ojos religiosos. Para escribir también hay que mirar un poco el cielo.

domingo, 2 de noviembre de 2014

Pesadilla

Lo único que conservo de la infancia es la pesadilla, el sueño de la muerte pequeña. Corro a mitad de la noche a hundirme en la cama de mi padre difunto papá vas a volver para mi cumpleaños y le pregunto si puedo dormir con él y me deja espacio entre él y mamá que siempre me dice que sí y no hay motivo para despertarla. Bueno, sí que tengo razones para despertarla pero no es buen augurio pedirle cosas imposibles o que no le interesan como dejarme o no veinte centímetros para dormir a su lado. Ellos duermen con todas las luces apagadas y el colchón es bastante ancho. El colchón es mi abismo, ahí me hundo ya lo dije antes. A la mañana siguiente me despierto y estoy sola en mi casa pero en mi cuarto están mis muñecas y en la biblioteca están Lucas Lenz y la obra de una mujer que se llama Agatha, a partir de ahora supongo yo voy a ver un poco de misterio todos los días por los próximos quince años. Dentro de quince años voy a ser un misterio. Voy a ser exitosa y amada y también exótica misteriosa un ejemplar. Entonces suena algo que parece el teléfono y pienso en que no dudaría la procedencia del ring ring ring si estuviera haciendo otra cosa y me despierto del sueño para atender el llamado. Cuando llego al comedor deja de sonar porque despertarse pararse correr conlleva más tiempo que algunos rings. Preparo un termo con agua caliente y le pongo hasta la mitad de yerba al mate de vidrio, prendo la televisión para darle importancia a algo y me encuentro sola en mi casa. Pero en mi cuarto hay un cuadro de Dalí y en la biblioteca están los Buendía y la obra de una mujer que se llama Alejandra.

Casa

En mi departamento de soltera hay una silla y un escritorio, sobre el escritorio toneladas de papel y un cenicero lleno de colillas y cigarrillos a medio fumar, porque la palabra solía llegar pesada y sólida y concatenada y había que apagar el asunto para no perder el flujo de la eternidad que estaba escribiendo ahí, en un papel en esa mesa, sentada en esa silla con un cigarrillo en una mano y un lápiz en la otra, en mi departamento de soltera que sigue ahí mismo donde lo dejé sobre la avenida Nazca a algunos metros de la plaza, en la cuadra del único hipermercado de la zona.
Nunca me fui de esa casa del malentendimiento, el tiempo pasado es más bien una forma de traspasar la puerta sin cerrojo del edificio que solo se abre por inercia al cartero y las viandas a domicilio. He dejado entrar al electricista alguna vez, he dejado salir al perro solo a orinar o hacer caca o nada y volver a entrar, he escuchado a los testigos de Jehová una o dos veces. Hubo quienes llamaron a la puerta y no recibieron respuesta, y también quienes no sabían que yo vivía allí ni les importaba, y quienes ni siquera se imaginaban que allí era un lugar del mundo. Algunas personas deben haber soñado con mi casa y conmigo dentro escribiendo o poniendo la pava llena de agua en el fuego.
Una vez un hombre tocó el timbre y preguntó por mi nombre. Pero mi departamento de soltera nunca es demasiado más que una oración larguísima.

sábado, 1 de noviembre de 2014

Ventana

La furia de la ventana cerrándose al viento encerrándome en mi casa con el humo de este cigarrillo que podría ser otro porque no es de las cosas que me importen.
El plato lleno esperándome en la mesa tampoco.
La mano enredada en los fideos tampoco.
El gato envenenándose con restos de comida tampoco.
Las baterías de mi cámara de fotos tampoco.
La prosa tampoco.
Tu ausencia cerrándose al viento encerrándome en mí misma con el humo de este cigarrillo que no podría ser otro porque lo estoy besando sí.
La soledad también.

viernes, 31 de octubre de 2014

La función de la luna

no siento que nada de esto
me esté
haciendo
no destruyendo

la luna
en el cabello negro de la niña
blanquísima
que era yo
escrita

que era yo
que era luna no haciéndome

miércoles, 29 de octubre de 2014

Anagnórisis

La casa de uno siempre tiene algo de anagnórisis, a saber el espacio para semejante permanencia. Se es el perro que no ladra y el té bebido, un poco también turbio en la taza, y un poco la falta de destino, además de una gota de silencios. Eso tiene su psicología.
Se sale a no llorar por nadie no siendo eso un sinónimo de alegría, al aquelarre de muchos más nadies de pasado roto. No entiendo cómo se puede, cómo, evitar celebrar el olvido, evitar celebrar-lo que mejor no hubiera existido. La tartamudez de mi infancia es ahora parte de mi estética. También lo es saberse la dueña de la muñeca sin cabeza, fotografiando gárgolas.
Y soy yo, soy yo. Enferma de soledad, ay. Maravillosa. Y le escribo a la cabeza de la muñeca decapitada y al ladrido del perro moribundo. Soy yo en anagnórisis porque no sé nada de mí misma y me aprendo tan coherente tan. Con una objetividad que ay, hay cosas que no se pueden escribir. El vacío encantador, tanto hambre que no te deja comer. La boca desbesada y la ropa cosida al cuerpo, la lengua encadada pero la palabra enorme.
Pero no, hay cosas que no se pueden escribir.

lunes, 27 de octubre de 2014

El vals

Nunca empiezo a escribir con una certeza, cómo te explico, no sé cómo se dice. Eso, exactamente. Como cuando venís a mi casa desnudo y yo te visto: primero la camisa con todos los botones en su ojal y después la corbata que nunca termino de enredarte al cuello. Es larga, larguísima, se pone por detrás y se da la vuelta veces infinitas. Se da una vuelta y otra y otra y otra, no se anuda nunca como cuando me escribís y no me volvés a hablar. Entonces yo sigo dando vueltas y vueltas alrededor tuyo como en un vals con la prenda en la mano estirándola para que quede perfecto el nudo que nunca hago. Vos no me decís nada nunca, como si te gustase que te hagan daño. Yo te pido disculpas fue sin querer es que no puedo con esta mierda tendrás otra por ahí que dé menos vueltas. El fin no llega nunca, es la gracia de la práctica. Y así sigo y sigo hasta que te cansás y me decís Marilina sabiendo que odio mi nombre y te arranco lo que queda por anudar con los dientes, me sale espuma de la boca y te grito, te rasguño y me decís me voy. Y la verdad que estás horrible con doscientos metros de tela ahorcándote y la cara violeta de la asfixia pero te vas a seguir vivo a otro lado y yo me pongo a llorar, rompo en llanto invisible y no te das cuenta porque tampoco te lo estoy diciendo porque dudo que hayas estado en mi casa y no sé anudar una corbata.

viernes, 24 de octubre de 2014

Apagué la radio y tiré el aparato por la ventana

Apagué la radio y tiré el aparato por la ventana pero no te voy a pedir perdón por eso. No tendría gracia porque nunca me viniste a ningún lado. No sé cómo decirte sin insultar que sos bárbaro, bárbaro, bárbaro, hermoso en silencio, hermoso. Me estoy metiendo los dedos en la boca para no insultarte me muerdo me rasguño la campanilla me la arranco para ver si se puede decir menos que gracias. A ver si se puede repitiendo todo lo que quiero, insultándote, escribiéndote, sos bárbaro, tremendo, imposible y te agradezco porque así como me ves le encuentro el optimismo al vaso roto que hubiera tirado yo al piso para romper algo que no seas. Que no seas quiero decir radioactivo, tóxico viste uno se siempre precisa algo de veneno para escribir y te escribo, te escribo porque me quedé la voz en la mano y ahora me arde, me quema, me hago ceniza, cómo te digo soy muy sensible me duele todo el cuerpo del rechazo me doy arcadas cómo me arde tu vocecita de mierda, callate que en silencio sos hermoso hermosísimo ni me lo digas que amo más la poesía y la muerte que el ruido que hacés cuando te estás excusando.

domingo, 19 de octubre de 2014

Llamada a Haruki Murakami

Ya no puedo decirte nada sobre esos fideitos de mierda que no te haya dicho antes. Lo que sea te lo voy a decir ahora como si la olla cayéndose y el agua hirviendo en la planta de los pies: yo no sé, ni el dolor de no saber. Cómo te explico este pelo revuelto, la falta de anteojos, estas diez de la mañana de este domingo: no sé. Ni eso ni nada. Qué me venís a preguntar lo que sea así descaradamente como si pudiese responder algo más que yo qué sé, a qué me venís por Dios, no (me) vuelvas a decir(me) la miseria, ni repitas nunca más (nun-ca más) nada que no sea spaghetti.

martes, 14 de octubre de 2014

Café

Al fin y al cabo disolverse es hacerse más pequeño, o inmenso. Porque siempre hay que disolverse en algo, como si se tratase de una clonación descolorida. En mi caso particular prefiero ser ese aposento: me gusta más el lado observador, por eso siempre estoy esperando a alguien que me haga nido de la desatomización, que me comparta, que me diga. Tengo la espera al acecho y me está abriendo la herida. Ahora lo digo así nomás, con el cafecito en el escritorio, porque hoy tengo la tranquilidad intacta. Pero, mirá, un beso ya me enferma, y hasta podría decir que tan solo una palabra me alza y me construye. Y después me tengo que encargar de derrumbarlo todo sobre mí misma. No sé cómo te explico la soledad, la ventana abierta y la puerta tapiada, el eclipse. Esa lunita que se hace la brillante es otro tema. Y pienso, pienso en todo eso del hospedaje. ¿No es el eclipse el más bello de los fenómenos? La oscuridad de la noche, la paz del cementerio, el cafecito. La neurosis amansada y el café delicioso, la herida en la taza bebiéndose.

La vuelta al útero me intoxica, revuelvo con el dedo la taza negra para sentirme viva. Se enfrió muy rápido esperándome, como si supiera la casa entera lo que es la agonía. El pensamiento se hace demasiado tangible en el ritual de las siete de la tarde. Y quizás mi nombre ha de ser el sol de la noche, la causa del nacimiento siendo efecto del acto horrible, las piernas casi cerradas entrándose al impulso. El café tiene siempre la herida consigo en el nombre y en el documento: lo sirvo amargo y lo bebo frío, y en la ventana nocturna se proyectan la identidades del grano. Hay que perderse en el pasillo a la cocina antes de llegar la luna y aullarle al cariño como un perro a ese sabor dulce inexplicable que tienen de hipócrita las cafeterías, y arrastrarse a la noche mordiéndose el rabo que podría tenerse, esa extensión de la columna baja como una escalera a la infancia, de donde no se vuelve nunca, implícita en el vacío de la taza.

sábado, 11 de octubre de 2014

Lugar feliz

No te tomes esta carta demasiado a pecho porque está vacía de conocimiento, solo quiero decirte todo lo que me atraviesa ahora. Sabés, no te voy a pedir mil perdones y tampoco quiero hacerte enojar. No te quiero hacer volver ni llegar, nada de eso. Sabés que no me gusta intimidar a la gente.
Parece mentira pero el lugar feliz se escribe: hay un lápiz y un cuaderno. Vos no estás. Pero no te preocupes porque puedo inventar en letras casi todo. Vos no estás pero si estuvieses serías celeste. Tendrías una taza caliente entre las manos y una mirada interesada en el detalle, podría ser también una cara de recién levantado que me haría feliz ver si existiese. Tendrías las uñas escamadas y algunas callosidades en los dedos de hacer tanta hermosura. Tu carácter sería una mierda y pedirías demasiadas explicaciones que yo te daría siempre. Pelearíamos como hermanos, nos retorceríamos como nunca.
Ya sé que estoy escribiéndote algo horrible, es el deseo. La soledad tiene muchas cosas bellas pero tiene la cosa punzante en el alma. Si existieras te lo explicaría con las manos apretadísimas entre sí, la presión de ese vacío de mierda. Vos me entenderías porque también sabrías la noche y me darías abrazos inmensos para curarnos, esos abrazos de almohada. Y vendrías a buscarme cuando mi hijo sale porque sabés lo mal que me hace su ausencia. También te daría hijos. Podríamos planear sus nombres juntos y pasar la vida entera. O quizás no te daría ninguno para no abrumarte: esto es dificilísimo. Pero las dos cosas serían perfectas. Podríamos emborracharnos, quién sabe, para ser más niños que durante el día. Y podría irme a dormir sola para que hagas lo tuyo y no molestarte, para que encuentres el rato fresco. Enojarme por la puerta abierta del baño o el piso mojado, o vos por el desorden, o los platos sucios, o porque le hablé a un hombre en el supermercado, o porque escribí algo hermoso sin tu nombre. Como ahora que estás infinito Dios sabe dónde y no te estoy buscando.
Cuando lo leas, explicame la apnea. Yo sé que soy un poco zafia para decir las cosas pero quiero que se entienda. Cómo te digo, cuando aparezcas. No me digas por qué tardaste tanto pero contame todo para hacerte visible. Decime el presente, esas cosas que son casi un insulto. El trabajo, el clima, algo de la televisión o el año de tu nacimiento. Dejame que me ocupe de desenterrar el resto mientras vos lo hacés conmigo.
Espero que algún día entiendas el motivo de mi carta: te estoy mandando los cariños que no nos dimos nunca.

jueves, 9 de octubre de 2014

Parásito

No me manosees con la letra de pendejo que tenés. No porque mirá: hoy quiero ser horrible. Hoy tengo dientes en toda la mucosa del cuerpo. Hoy soy nauseabunda. ¿No ves el horror? Mirá toda la sangre que te estoy mostrando con este llanto de virgencita de la santa mierda. Mirame las personalidades comprometidas con nada. Mirá cómo soy una cosa toda orgánica y putrefacta, un compost para tu vida hermosísima. Ese Rimbaud tenía las armas empaladas, mirá que asco. Mirá qué bien que escribía y mirá lo mal que yo lo estoy haciendo. Mirame la metáfora cruda, mirá como no se parece a nada. Mirame y decime lo que estás pensando ahora, a ver, decime la muerte, decime el cadáver que estoy siendo. Dejame repetir todas las palabras que quiera sin escribir nada. Dejame el odio para mí misma y correte. Correte que estoy cansada de quererte lo dulce como un parásito.

miércoles, 8 de octubre de 2014

Nombre II

A vos te pusieron ese nombre de persona y a mí éste que no rima con mi melancolía. No consuena, no nada. Conmigo. Te estás llamando literatura y yo un paisaje hermoso que no existe. A mí me dicen siempre que tengo ojos hermosos y es mentira. El azul es horrible. Es lo profundo del océano donde no vive nada y es tormenta eléctrica, sabés de lo que estoy hablando. Pero no es casualidad que te estés quedando ciego. No es casualidad  porque yo escribo y tengo este nombre de luces que no rima, no consuena detrás de mis gafas.

La importancia del cigarrillo

Hoy robé. Sí, robé. Le robé los cigarrillos a mi mamá. Puede no ser tan grave pero fue hurto y lo tengo que admitir, se pide perdón cuando hecho y también permiso para tomar algo de otra persona. Pedile perdón. Si no se puede devolver hay que perdonarse también la culpa con el perdón atravesado en las amígdalas con el humito bebé de los cigarrillos suaves, los del paquetito plateado que fuma mi mamá y también fumaba mi abuela, y mis tías y las señoras que trabajan en mi misma oficina. Esos cigarrillos de mierda que no tienen gusto a nada.
Alguien que amé una vez me enseñó qué mostraba cada marca de cigarrillos como un tipo de psicología. Decía él todos los suaves y también los Virginia son de vieja chota. Decía muy bien. Y que los Marlboro tienen como una sapiencia de sí, que si veías un alguien con uno de esos era porque recién empezaba a fumar. No aplica nada de esto a los cigarrillos pedidos en la calle ni a los robados. Perdón y continúo. El cigarro que se arma con esos papelitos y hierba seca son de hippie decía, y el tabaco negro es para personas de buena fé, esos hombres que se dicen buen partido, con una cultura mínima y buena presencia, y esa caballerosidad que me da asco, o mujeres jefas de hogar, con el pantalón puesto en su lugar y el target como de jinete. De apellido Ocampo o Allende, de jugadores de cricket. Él fumaba Imparciales y yo creo que se creía demasiado maravilloso. De todos modos asentía siempre.
Pienso que algo de razón debía de tener por una cosa de estadística. Mi primer cigarrillo fue un Marlboro, tragaba el humo haciéndome la agraciada y me dolía la panza doscientas horas seguidas. Hablaba entre pitadas como si fuera fácil, se me escapaba el humo y la náusea por la boca, se me hacía el fumar horrible. Con los años entendí que existen cosas más horribles que esa. Se fumaba en ese entonces porque era signo de tener la vida preciosa y un montón de amigos en la escuela y el barrio, se hacía uno el maduro exitoso con trece años de mierda que no decían nada de la vida. Ni decían nada de mí misma porque nunca tuve demasiados amigos ni demasiado éxito. Más adelante elegí mis propios cigarrillos y lo hacía de una forma hermosa, con el brazo bien puesto y los labios bien pintados. Se halagaba la forma de fumar poética que podía llegar a tenerse. Y yo nunca tuve ninguna forma hermosa ni poética.
El tipo me decía que había cigarrillos para hombres y para mujeres, para jóvenes y ancianos. Para gente inteligente y para estúpidos y también existían los que llamaba cigarrillos de pobre. Concluía siempre creyéndole todo lo que me decía por mi propia experiencia con los Marlboro y los suaves. También relacionando el tabaco para armar con la marihuana que en ese entonces se me hacía de hippie.
Le pregunté entonces qué opinaba de mis cigarrillos, que nunca había descrito. Mirá, yo no fumo ni tabaco negro ni armado, ni Marlboro ni Virginia, ni cigarrillos de pobre (esos eran los Viceroy, que salían cuatro pesos, los míos salían casi diez). Yo fumo Camel, es este paquetito beige que te digo. 
Y me dijo que eran de hombre. De hombre y no de mujer, quiero decir, de testículos. De barba crecida y las bolas transpiradas. Fue el peor insulto que pudieron haberme dicho jamás y lo puteé. Sí, lo puteé con la prepotencia de mis hormonas a ver si esto te parece de hombre, pendejo. Soy muy sensible. Me largué a llorar como una caprichosa y le pegué un cachetazo tremendo. Yo en mi llanto. Le dije cosas horrendas imbécil, engreído. Se disculpó forzosamente no fue para tanto. No le parece. Y yo nunca tuve ninguna forma hermosa ni poética, ni demasiados amigos ni demasiado éxito. Y ahora en lugar de vulva tengo un par de huevos con olor a meo. No le parece. Cómo no quiere que me enoje. Y es que sos un poco frígida. Ah, bueno, al menos solo un poco. No te enojes, no es para tanto, por algo nos casamos por más que seas. No, no le parece. Sabés a mí no me parece nada de lo que me estás diciendo, soy encantadora, soy una princesa. Soy una pendeja de mierda y tengo los ovarios llenos, llenísimos de insultos con tu nombre pegado como con flema. Así de repugnante y te lo digo: soy una puta princesa. Y sabés qué, quiero que lo sepas: el hombre que te estás cogiendo se cogió a otro tipo cuando no estabas, otro tipo que me ve sin testículos.

martes, 7 de octubre de 2014

Niña

Estaba en una casa como de religiosos que hablaban del cuerpo todo el tiempo. Yo había llegado ahí con un bulto en el estómago, no quería ir a ningún médico y entré a una casa llena de locos. Ellos me revisaban y me decían que desconocían el absoluto de mi vientre y me sugerían la medicina occidental por si acaso. Les pedí que me dejen quedarme con ellos y accedieron, entonces empecé a parir algo inmenso que nunca terminaba de nacer. Le pedí a una de las mujeres un ajuar de niña, estuve en trabajo de parto horas larguísimas y la niña no nacía. Yo estaba agachada esperando que sucediese. En el dolor pensaba cosas terribles. Pense en que no sabía por qué le había dicho que era una niña si yo ni siquiera sabía lo que estaba por escupir, si nunca había entregádole el sexo a ningún hombre de carne y no podía ser que estuviese por alumbrar un niño o niña de Julio Cortázar, un crío de nombre horrible y apellido Borges. La zona lumbar me azotaba y un hombre me recogía del suelo para sostenerme la cadera, de ambos lados fuertísimamente y me decía ya sé dónde duele. Llegaba la mujer del ajuar con una canasta rosada y un cartel de bienvenida. En la canasta no había nada y el cartel no tenía nombre. La niña no nacía. Nunca.

lunes, 6 de octubre de 2014

Desgraciada

Puedo decir muchas cosas de mí misma. Puedo decir el ego porque existe. Tengo la cabeza por sobre el cuerpo, muy bien anclada. Me gusta esa palabra. Una vez me dijeron que soy mujer de pelo recogido. En verdad tengo el pelo suelto, así me levanto todas las mañanas. Puedo decir que soy mujer y que tengo cabello, y que lo ato porque me gusta más así. Lo ato minuciosamente en el ritual de atarse el pelo. Primero me vuelvo como haciendo una reverencia y dejo caer los mechones. Acto seguido tomo toda la cantidad con las dos manos entrelazándome los dedos cerca del cuero cabelludo. No me encanta la palabra cabelludo pero es menester usarla en este caso. Termino con una torzada fuertísima que me hace doler el encéfalo adentro y la enredo sobre sí misma para hacer lo que se dice un tocado impecable que ato con un elástico. Abajo tengo la cara. Dos cejas separadas por muy poco espacio, tupidas, legítimas. Dos ojos que no perciben mucho sin las gafas atornilladas a las orejas, una nariz que no dice nada y una boca que nadie está besando. El color de los ojos no importa y podría omitir la boca porque podría vivir sin ella, pero está pegada a mi cara y quiero hacer una descripción objetiva. De la boca no sale más que un "buenos días", "perdón" o "gracias". Adentro hay un paladar abierto porque uso un aparato dental mientras duermo, la lengua es dulce. No le pongo azúcar a nada. La oclusión es atípica. A veces entiendo a mi campanilla como demasiado larga, emito sonidos muy agudos. Por la garganta me pasan un montón de cosas y humo porque fumo muchísimo todos los días. El tabaco hizo únicos mis pulmones, no sé cómo son pero los siento inmensos, como si el tórax insuficiente. Como si estuvieran por salírseme por la espalda, que no tiene casi nada de carne. Se ve mi espalda como putrefacta, como si fuera demasiado desnuda. Lo mismo ocurre con el pecho. Mas abajo se llega a la parte sensible, poderosa. No me voy a poner a describir mi vulva porque sería casi pornográfico y no me gusta mirarme el pecado. Una vez vi cómo hacía la vida. Muchas veces vi cómo se hacía la plegaria de los imbéciles. Bastantes, suficientes. La realidad es que ya no me gustan los hombres, las mujeres nunca me gustaron. No me gusta cómo se entumece lo que se dice materia gris. Soy una conchuda, no lo voy a negar. Sólo sé que la próxima vez que le abra las piernas a la muerte voy a elegir un encéfalo, que no me diga "qué bien que la pasé". Qué carajo me importa, yo la pasé como el orto y vos sos igual de pelotudo que tus precedentes, tenés los mismos órganos en el mismo lugar del cuerpo y no significás un alma. El mundo está lleno de desgraciados. Las piernas no me importan.

Silenciófilo

Así andaba como si nada, tenía la luz en los ojos. Tuve que ser directa para no perderme en la belleza antagonista. Le dije de la timidez, no sé, no sé por qué le dije eso. Escuchame, no me escuches. Quiero decir que no escuches cómo te lo digo, no sé cómo se hace: te digo esto. No se si se entiende pero quiero que me des un beso bajo la lluvia idiota de palabras que te dije antes. Lo bueno es que me lo dio más allá de la amnesia que me estaba saliendo del cuerpo como un escupitajo. Me di asco, fue algo hermoso. El impulso es un asco. Cuando no sabía en qué estaba pensando me besó de nuevo. Yo no se lo dije, no sabía ni lo que estaba haciendo. Cómo se pone el labio, no morder, quiero dar un beso que no sea de prostituta. Bueno, no sabía tampoco si me estaba saliendo de purísima. Me justifiqué con una sonrisa por si acaso, uno de noche se pone en pedo y hay que pedir perdón por todo. El beso no sé cuánto duró, se me había estancado la eternidad. Fue silenciófilo, por las dudas, en cuanto al acto no dije nada. Él tampoco lo hizo. Dije un millón de idioteces pero la palabra no la usé nunca, la 'B larga' es gigante para mi boca. Estaba mareada y no le dije nada agradable, no le halagué ninguna parte del cuerpo. Unos minutos después apareció un tipo y me dijo la belleza de mis ojos, le agradecí, casi se me escapa de la lengua un eso porque no sabés lo que me acaba de pasar, me besaron con los ojos cerrados y yo los cerré también, eso es genial, ser invisible es hermoso, estoy tan feliz y tomé tanta cerveza que podría estar diciéndotelo pero solo te voy a agradecer escondiendo la alegría en el color del iris celeste. Alguien transformó el alud de estupideces que digo habitualmente en una acción tremenda, alguien también toma el café sin azúcar. Me dejó el perfume en la ropa como absorbido, me dieron unas ganas inmensas de bañarme con la ropa puesta. No sé cómo se explica eso. Al día siguiente me levanté con los ojos más blancos que nunca, el color se había ido a la mierda y caminé como un muerto por la casa con un montón de ideas en la mente. Así y todo no logré escribir nada.

miércoles, 1 de octubre de 2014

Odín

El gigante llora para alcanzarse las manos, se expresa sin saber la palabra, no le da la vuelta al asunto. No conoce el no dársele: es infinito, todopoderoso. Se come el mundo entero con prepotencia porque tiene derecho a hacerlo: sabe más de la vida que la humanidad toda. Es hecho, causa, efecto. Es universo. No lo limita el detalle de las manos, no necesita ayuda ni maestros, tampoco le importa el porvenir: es futuro, el pasado solo existe en heridas abiertas que aun no tiene. Ve de lejos a las personas que agonizan, llegó para enseñarles el cuerpo a los invisibles. Se presenta en silencio: algunos huyen tragados por el miedo, otros lo saludan incomprendidos en la existencia.
Él sonríe,
ellos pueden ser sus manos.

Nombre I

no me ensucien el nombre
con la palabra
de mi vida
por favor
ya sé que se escribe solo
aullando
a gemidos
y
rasguños
Dios
que solo sé cómo se tiene
el cuerpo reventado
y el nombre
bien escrito

domingo, 28 de septiembre de 2014

Acto tercero

Acostada en la cama le duele la compañía. No, ya escribí esa línea.
Escribí infinitas.
Voy a decirles la muerte de nuevo.
Me duele el cuerpo. Perdí mi grito. Tengo 21 años.
Búsquenme si me encuentran: es un pedido de auxilio.
Es una convulsión
una apnea.
Se me atraganta el espíritu
en el papel de cuerpo.
Olvidé mis líneas.

jueves, 25 de septiembre de 2014

Al galope

escuchame de nuevo
por última vez
volvé
no maldigo más
no te ensucio más
no te ensucio la yegua blanca
sí, me acuerdo
la amansaste
y ahora no me rezás
relinchaba y vos tenías un rebenque para que se calle
la muy maldita te hacía caso
y te ibas así
al galope
como un mortal
pero siempre volviste
siempre
con esa yegua cansada que atabas a ese poste de mierda para que no se te escape
y te la robaron
y te pedí que llores
lo hiciste
la soltaste
y te pedí que me escuches una única vez y te lo dije:
volvé

miércoles, 24 de septiembre de 2014

Udrí

Ahora que lo pienso ya no sé besar, quiero decir, como para saciar el hambre. La definición en el olvido de amar a alguien, qué sé yo cómo se hace. Cómo se siente la vida sin que te anden pateando, sin lloriquear, te juro que no sé. Mirá, puedo decir que crecí, que la niña no existe más, beso de otra manera, cómo te explico... como la cosa altruista, como un sacrificio. Vos viste que así no se hace, ese beso superfluo a quién le importa. Besar con ganas, no sé adónde guardé las ganas, eso de la pasión bordeaux, del amor ibahí. Lo hago como si me hubieran castrado, con esta cara, sí, cara de asexuada, de pusilánime, de para qué sirve. Y más vale que no sirve para nada besar un hombre así como besaría a una caja. Pero, viste, yo te dije, como a una caja: como órganos y células en una bolsa de tejido y punto. Si todos fueran así, ay, quizás no me estaría planteando tanta cosa y estaría mejor. Pero qué más da, no quiero desearle la muerte a nadie... y morirme menos. Eso de andar suicidándose yo no lo entiendo, te lo juro. Se sufre tanto... como si una eligiese, después se dice qué estúpida que fui. Pero como te decía, yo aprendí a besar sin morirme, mejor dicho, me acostumbré. En la soledad, viste, me desenamoré tremendamente. Ya me olvidé del beso espontáneo, de esa apnea intermitente del amor recíproco. Ahora soy una caja: ya no sé besar, quiero decir, como para saciar el hambre.

viernes, 12 de septiembre de 2014

Instructivo

Se hace el texto

1. Ninfómano
2. Sintáctico
3. Sentido

Se lee a solas y en voz alta
Se corrige
Se analiza
Se llora
Se le habla en español al espejo

Nace el poeta

1. Obligado
2. Absurdo
3. A solas y en voz alta

Se inventa el lector

1. Entrometido
2. Comprendido
3. Silencioso

La poesía se hace epitafio

martes, 9 de septiembre de 2014

Protagónico

1. Se hace la noche en la ventanilla del 37, el chofer la mira de reojo y maneja tan rápido que pareciera apurado. En diez estamos.
Baja, no sabe bien dónde, pero no está tan mal si es Escalada: tiene que ir a Lavallol o no sé qué aledaño. Lo llama por si acaso, el teléfono medio a escondidas, la cartera aplastada bajo el brazo.
-Yo, de nuevo, ya estoy llegando.-
Camina una cuadra, dos o tres (no las cuenta) en la oscuridad, voltea la cabeza de vez en cuando. Se describe prejuicioso al conurbano, marcando el número de nuevo pero sin perder el ritmo.
Tropieza.
-La puta madre que lo re mil parió.-
Se levanta, se toca las rodillas golpeadas, mira la baldosa pasada para insultarla de cerca:
una mano.

2. Humana.
Se acelera, busca el teléfono, no lo encuentra, grita, Sebastián, dónde estás, por favor, alguien, acá, en la calle, gente, Sebas, un muerto, policía, auxilio, auxilio, socorro, auxilio, ayuda, Sebastián.
Llora, tiembla, se muerde los labios, empieza a correr. No ve porque lágrimas y noche, árboles, viento.
Golpea la puerta como loca a gritos y llanto, se muerde los labios de nuevo. Sebastián abre la puerta con una cuchilla con olor a cebolla porque la cena. Le mira los pies ensangrentados y la abofetea, cómo pudiste hacer esto Sol, imbécil, monstruo, hija de puta por qué me hiciste esto, qué te hice, te odio.

3. Rompe en llanto histérico, le devuelve el golpe y qué te hacés el inocente, enfermo, loco de mierda, vos quisiste escribir esta mierda de la muerte, ahora hacete cargo de la tuya, imbécil. Le saca el cuchillo de las manos y le apuñala el alma por el pecho porque boludito, te metiste conmigo. La sangre sale como disparada, cae al suelo, se ríe en voz alta el pelotudo me está tomando el pelo. Se lo clava de nuevo, tiene la suela de las botas llenas de sangre. Lo mete para adentro, lo besa, lo descuartiza, se guarda una mano de recuerdo en la cartera. Le guarda la comida en la heladera para que no se pudra.

4. Camina silbando a tomarse el colectivo de vuelta. Llega, sube, paga y se sienta en el asiento de adelante. El chofer la mira de reojo y acelera como si lo obligase. Le suena el teléfono y atiende.
-Qué hacés Sebas, ya salí, esperame con la cena lista.-



domingo, 7 de septiembre de 2014

Representaciones

Existen, como sea, el día y la noche (aunque se esté solo).
Existen los pájaros que cantan y también los que chillan.
Las flores y las piedras.
Existe el viento.
Existen los anfibios.
Existe la apnea y ahogarse.
Se hace lo inexistente, también como sea. Para lo impermisible hay que tomar coraje.
Se está solo.

viernes, 5 de septiembre de 2014

Odontograma

01.01.
Odontograma.
Faltan piezas, oclusión imposible.
Se le ve el alma por la garganta. Indico rx de tórax.
Buena higiene dental, la paciente hace buen uso de su soledad.
Se recomienda abrir la boca para decir.
Derivo a extracción de todo lo que se pueda: hay que dejarla muda sacándole todo lo de adentro.
Luego comenzar tratamiento protético con el especialista indicado.
Paciente alérgica a anestesias, aprovechar umbral de dolor muy alto.
No dar más turnos.

Episodio

Se enfría el pensamiento, no siendo que la sangre llega tibia a la sinapsis haciéndose a un lado de la muerte (la frialdad tiene tantos hervores como el placer y la agonía). El mortal hace rituales, se le congela la lengua, se hace fuego del golpe, se le concede la palabra. La palabra es ceniza de escritor débil (lo quema, lo incendia), como poeta de papel de seda, como de telaraña: se suicida desde su puño, se envenena con adjetivos, se hace abismo. No se siente explicado, se inventa consumido por la fantasía. La suerte hace que nadie lo lea como es hasta el episodio siguiente.

jueves, 4 de septiembre de 2014

Las normas

Se va (el tren) en filita como de niños máquina detrás de la cabeza docente a hacer la actividad sin ensuciarse, sin explorarla, sin triturarla con manos pequeñas; a cantar la canción al unísono, a pronunciar la palabra como es porque así es, a enderezar la letra espejada porque está mal. Sentaditos y tranquilitos. Y qué es el pájaro, el avión, la flor, la mamá sino un garabato que también está mal porque nunca Van Gogh y siempre las manos pequeñas y la capacidad motriz. Se hace así la sabiduría, el límite: en ronda para verse las caras, de la mano afirmando el sofismo, con la cola en el piso para no cuestionarselo. Las sé de infante: prohibido pararse, prohibido enunciar sin levantar la mano y prohibido preguntar lo que no quiere responderse.
Que sea mejor ignorancia.

martes, 2 de septiembre de 2014

Nota al pie

Me duelen los pies tanto tanto que casi me tropiezo tantas veces que los tacos de mis zapatos* y el taco en la mano como tres cuadras rompiéndome la paciencia y este taco de mierda justo ahora se me viene a romper que estoy yendo a verlo y si vuelvo se me hace tarde y ya estuve eperando bastante tiempo como para que me pase esto justo ahora que no tiene remedio y me va a ver así y me va a decir tantas cosas roñosa pobre tantas cosas horribles y seguro le lloro con la sonrisa picantita de mierda que me sale cuando me da vergüenza y me sonrojo y ay mi taco por Dios no puede pasarme nada peor en este día tan horrible y se pone a llover y yo toda empapada y las frenadas por todos lados que me dejan sorda por favor me tiene que salir algo bien no puede verme así de descuidada no voy a poder prestarle atención Dios mío Dios hacé algo ahora que se me empañan los anteojos y no veo una mierda esta calle de porquería empedrada y si la próxima es Cuenca y no doblo y no llego más a verlo y el semáforo hijo de puta que no anda y yo con la vista toda empañada ya veo que en cualquier momento

*Está descalza

lunes, 1 de septiembre de 2014

Suspensión del miedo

La mira, y lo hace muy bien. Pies delgados, lastimados, uñas firmes, la frazada de lana gruesa como de una abuela y las manos en el libro. Por favor no lo cierres, no me cierres. Y le hace caricias en la cara húmeda y le dice no te vayas, nunca más te hago esto, perdoname, no me cierres. Y la mira en silencio. Le cuenta de Amadís de no sé dónde que no importa, de Sheherazade mil noches como esa. La enreda como a Alicia pero no salgas. Se busca las manos y no se las encuentra, la toca como puede. Le dice en silencio todo eso y es suficiente porque no lo está escuchando: lee concentradísima. La peina y la viste, la lleva como de paseo. Se queda dormida con con el libro en el regazo, casi sentada. Mejor así porque cerrado vas a tener miedo siempre, imbécil. Barre los vidros del piso, con un soplido hace un cristal de la ventana rota y es el día.

Del miedo

Se hace de noche. Acostada en la cama le duele la compañía, se vuelve: en la otra plaza no hay nadie. Piensa en canciones por si las pesadillas. Es libre, cierra los ojos y vuelven los monstruos. Se levanta descalza. Corre a la puerta y se encierra, llama a gritos a la madre que no tiene. Se le revuelve el estómago, llora las contracciones. Se escucha un vidrio romperse, el viento le grita por la ventana, la insulta. Se arranca el pelo que se le está volando, se arrodilla, tiembla. Llora y las lágrimas tibias como sangre, las seca y se mira las manos: tiene los dedos casi petrificados, pero limpios. Se encuentra en su cabeza, se pide a sí misma que por favor se calme, por favor calmate. Inhala, mira por la ventana rota. Vuelve cuidadosa a la cama, se tapa mientras mira el parqué sucio y la ventada estallada. Exhala el aire exagerada, llora de nuevo. Saca un libro del cajón de la mesa de luz, prende un velador que despierta a alguien y se voltea a mirarla.

domingo, 31 de agosto de 2014

Carrousel

No sé quién es.
La leo como si flores y caballos de carrousel, como si jaulas abiertas y aves en libertad. Como el cabello dorado, jalado con fuerza, tirante y lagrimitas inmaculadas de peinado para el primer día de jardín (en la foto se la ve sonreir con la inocencia virgen). Como abriéndose a la infancia invisible, incesante, insensata. Como si la voz se le torciera aguda y las palabras tan saliéndole del cuerpo, como esculpiéndolas, como brillantes. Como ideas invisibles de la adultez perfecta, raíces dentro y tulipanes fuera. La leo de rosa con corazones y de alma huerfanita, como si quisiera abrazarla para que le pase otra cosa, que le suceda lo impermisible, como dándole aliento para que escriba todo lo demás.
La veo y es poemas.

viernes, 29 de agosto de 2014

Insorcismo

Voy a plasmarlo: donde estés el poema se escribe.
Aparece como la licantropía, la luna lo observa.
Se escribe solo y el lector se avergüenza,
reza en silencio porque tiene miedo.
Se arrodilla para no lastimarse,
se lastima para no romperse: el alma le entra al cuerpo.
Le sangran las palabras, la respuesta.
Donde estés el poema se escribe.

jueves, 28 de agosto de 2014

Sobre pertenecerse

Ser madre es serse ajeno. Concebir es hacerse amniótico, interno, profundo. Se debe sufrir hasta parirse con el otro, progresivamente. La náusea y el apuro hacen a las madres, el deseo queda como hundido en la zona lumbar, azotándolas.
Se pare como un final esperado, más como una tregua. Se pare durante horas, se agoniza, se llora: hay que retorcerse para hacerlo bien, hay que hacerlo sola para que no sea un castigo. Hasta la creación en las manos, en los pechos, en el tacto todo.
Después de la apnea ya no se llora por un instante: se entiende otra persona el castigado. Se enciende una luz entre la sangre de los ambos y el camisón blanco y se está completamente solo, inválido, en coma armónico. Solo existe un segundo de dos ojos que no se entienden y se llora calostro porque a dónde lo llevaron.
Los niños sufren a las madres, las necesitan. Las desgarran y apuñalan sin querer, como dibujando una pared. La simbiosis es instintiva para los niños, las madres los entienden como parásitos hasta que se caen de la cuna y entonces las lágrimas y es todo mi culpa. O hasta que se enferman y es todo mi culpa, o hasta que se van a jugar solos y no me quiere más. Entonces se entiende simbiótica, ajena, y muta indeleble.

domingo, 24 de agosto de 2014

De la agonía

La virgencita de no sé dónde en el techo como dibujada con la mente. En la capilla hay olor a caldo de llorones y las hermanitas de la congregación de algo como la pena. Los hambrientos esperan afuera. Todos entran. El sacerdote lee la Biblia. La gente le pide cosas que no existen para que se las pida a Dios. Él le pide como borracho la paz, el amor, el pan y no sé qué piensa de la Biblia. La cierra. El curita piensa que todos están locos. La misa termina. Los locos se van satisfechos y no tienen hambre hasta el día siguiente. Dios se queda con la paz porque nadie fue a buscarla.