viernes, 19 de diciembre de 2014
Caso 1
Primero estos ojos llenos de espejos, esto sucede porque escribo. Sostenés lo insostenible, lo inevitable; acto seguido el alma es expulsada como un aro de humo por la boca, vos suspendés la respiración con un grito mudo y decís mi nombre: yo tampoco puedo respirar ahora.
La lámpara se balancea compasiva. Aparecés diafragmático, perturbado. Yo no te lastimé, yo estoy bien: hay casos que la ciencia no puede abarcar, y yo me pregunto por qué nos duele. Decís que hay una densidad diferente en el lado frágil de la cumbre, que los pulmones se comprimen más de lo que se dilatan. Yo intento tocar tu invisibilidad con la lengua y te llamo a la luna como un perro huérfano para que alguien me quiera, me esfuerzo para ser el pujo.
De algún modo termina todo con la puerta siemprentreabierta y el pesar intacto.
domingo, 14 de diciembre de 2014
Magia
Sacás de la manga una palabra: pasa (el verbo conjugado que me pregunto noches como esta). Yo repito con esa voz que me sale cuando intento hacer todo mejor de lo que puedo, no quiero llegar a edades determinadas por nadie. Juego a lo que no decís, al misterio, quiero saber cómo se hace. Vos te quedás amordazado, no te importa, entonces te sale volando un pájaro del pecho, migra. Aplaudo el truco, muy bien, lo hacés muy bien. Cuando era niña no me gustaba la magia, me preguntaba cómo hacía el ave para no morir antes del truco, cómo eran tan crueles las camisas cosidas especialmente para los magos. Ahora toda camisa me parece un lugar del que hay que escaparse. La abotonás y agradecés, yo sigo desconcertada. En un chas desparecés de mi vista. Ahora sí creo.
miércoles, 26 de noviembre de 2014
Fosa
a nadie
para tenerte nunca
pareciera
el verbo corromper
abierto
en tu fosa oscura
morirse tiene el color
hermoso
de la herida
abierta en tu mano impune
que se cierra y se abre como un que no
que no es posible
quiero decirte el amor
sin hundirme
martes, 25 de noviembre de 2014
243
El camarero nos pone en la mesa los insultos, qué queremos. Bueno, yo quiero el universo, él lleva y trae mientras pienso en tu nombre celeste. Está muy bien que te excaves para hacerte hombre pero yo prefiero anudarme, meterme la palabra en la boca como un ladrido atascado en la rabia y aplastarlo a manotazos en el poema. Lo equívoco del texto no digerido es siempre una certeza, quiero decir no acudir a tu llamado pero seguirte.
El hábito sucio de enamorarse tiene más sentido diciéndote que no y que nunca que estampándote un beso contra la boca como un animal salvaje. Tiene más sentido y es más sano, plasmas sin-cuerpos con una lámina espesa de piel vacía-suave para hacer la reproducción amena, por una cuestión evolutiva y nada más. No hay necesidad de tenerme tan en cuenta en este asunto del dolor.
El tórax se desarma siemprevirgen (hay cosas que la poesía no puede decir de otro modo).
lunes, 24 de noviembre de 2014
Anoche
A veces no sé escribir la media taza levantándola vos, café, y hacer el resto del ritual: morder la voz, cantante, y ensayar qué decirte anoche.
Cuando se deshace no es posible amar más, el dibujo te desata la trenza varonil un poco. Se te aparecerá como una llamarada en tu hoja ceniza, y no es creíble que no estés agonizando, la pena tiene un nombre diferente en tu apocalipsis.
Desprenderse es crecer a niño, y el juego, un impulso mamífero. Parir de la herida a la muñeca muda, aunque tendrás tus juguetes favoritos.
El tiempo no se puede. Volverse es profanarse, entendiste bien lo de desgarrarse la boca.
En este poema estoy teniendo demasiadas.
En este poema no hay beso para la palabra.
martes, 18 de noviembre de 2014
Despropósito
No creo en anagogías pero está lloviendo bastante fuerte como para no llorarte. Y para detenerse hay que hacerlo, un poco para curtirse y un poco para olvidarte, porque no hay nada mejor que la ignorancia para acaecerse. Las despedidas tienen su historia ensimismada, no me hace falta decir nada mientras pongo tus restos en la bolsa de basura, todos supernumerarios: desde el cepillo de dientes hasta los hijos que no hemos criado. Es que si hubieras querídome más que de los huesos hacia dentro no estaría descarnándome de esta manera. Ahora así reversiono la taxidermia, nuestros deshechos revueltos en el mismo cesto y tu piel con demás mujeres, y yo haciéndome otra a golpes de letra y palabra, de insulto.
Hay algo en la segunda persona (vos) que está siendo en otra parte que no quiero saber mientras me enredo en el pretérito que fuiste (fuimos), y eso tiene más de un sentido válido. La ruptura es de esas curiosidades de vitrina, el ejemplar masculino en perfectísima disección y la hembra orgánica en accidente histérico sabiendo bien dónde: en el maldito. Los errores se cometen y se nos son cometidos pero ahora soy inadmisible y vos, abismo. Y me pierdo, porque rompiendo tus cosas estoy rompiendo también las mías (es cuestión de identidades) y la soledad cobra otro sentido cuando es no-estar-con-alguien. Es imposible codificar quién de los dos es más pérdida, aunque no quiero decir que esto es una contienda.
No sé discernir a la perfección la humanidad de los procesos espirituales: ya no queda nada. No puedo deshacerme del mobiliario subnormal que alguna vez hayas tocado porque no estoy cavando mi propia sepultura, la cama está aun en el cuarto disfrutando el vacío, y yo mirando la luna indeleble para remediar el flagelo.
martes, 11 de noviembre de 2014
Árbol
el cuello
bífedo
la trenza larguísima lo escribe demasiado
enredándose a la derecha
de sus ataduras
a la izquierda
de su fotografía
y al centro
germinándose
fósil
en la tierra
seca
para volar hay que sentirse más pájaro
miércoles, 5 de noviembre de 2014
Humo
No sé bien la caja musical completa, la bailarina dando vueltas a la máquina. La niña llora y yo nunca tuve una. No llores, mi amor, es que mamá no la puede arreglar ahora, tiene que llevarla al doctor (hay que mentirse un poco para amortiguar el golpe). La cara estampada en llanto contra la cajita de madera petrificada como la muñequita, esa muñequita de mierda parapléjica en la pesadilla. No hay que ser nunca una bailarina de juguete, con la sonrisa en la cara pintada en Pekín por alguien que no sabe jugar, jamás.
Le canto una nana y la arullo, mi niña, mi niña. Tenés que sonreir un poco, a dormir, tenés que dormir, mi niña, a dormir, a dormir. Cuando te despiertes va a girar y vos también, mi amor, vos también.
De todos modos nunca le importa quién es su madre cuando está casi dormida, la soledad se hace tangible cuando se está despierto en una habitación sin cuna fumando un cigarrillo. En silencio quemándose la boca pintada por la infancia, agonizando el cuerpo impenetrable.
lunes, 3 de noviembre de 2014
Edilicia
Hoy soy una casona con un balcón larguísimo y tengo tres ventanales negros que dan al abismo
1. La palabra
2. La agonía
(y finalmente)
3. El derrumbe
Soy un poco de todas las ventanas. Ningún otro inmueble se parece a mí al menos en esta avenida. También soy el balcón de hierro forjado, con H, soy la letra H y el peligro de derrumbe entre edificios cuadrados, soy la O redonda, los cimientos húmedos. Así soy el frente.
Abajo tengo un banco internacional donde la gente entra y sale y se toma los taxis que me canso de esperar. La puerta está escondida a un lado pero es altísima, o todos los que se atreven a entrar son minúsculos. Hay un pasillo largo, soy ese pasillo eterno.
El pasillo no lleva a ninguna parte.
La infancia es arquitectura.
Alzarse
Cómo abrir la boca más de ciento ochenta grados sin desgarrarse un poco. A ver, hay que mirar un poco para arriba un poco las gárgolas de la Buenos Aires del siglo veintiuno, un poco más muertas que en mil novecientos y pico, y abrir la boca para llenarla de agua de lluvia. Así se hace tu arquitectura un poco oscura y un poco victoriana como esas faldas. Mi falda es más bien de niña gitana niña. Sin padres huérfana. Falda de huérfana. Y miro para arriba cómo vuelan los aguiluchos que trajo a la ciudad algún corrupto para que se coman a las palomas. Pobres palomas llenas de piojos. Y me crecen alas llenas de piojos. Y me queda la mandíbula antagónica y la falda más huerfana y las alas más muertas que las gárgolas catalépticas. Y soy un poco de náusea pero sigo teniendo estos ojitos de la infancia que no pudieron mutilarme porque por inercia no crecí nunca. Aun conservo mi cuna con las sábanas rosas es el encierro. Y un poco sé volar destartalada porque sabés el smog le hace tanto daño químico a los niños. Y el cigarrillo. Y fumo un poco de todo eso del cigarrillo del caño de escape de los vehículos de los dientes la orfandad y los parásitos pero siempre alzo la cabeza levanto un poco la mandíbula y miro cómo llueve en los tejados con este par de ojos religiosos. Para escribir también hay que mirar un poco el cielo.
domingo, 2 de noviembre de 2014
Pesadilla
Lo único que conservo de la infancia es la pesadilla, el sueño de la muerte pequeña. Corro a mitad de la noche a hundirme en la cama de mi padre difunto papá vas a volver para mi cumpleaños y le pregunto si puedo dormir con él y me deja espacio entre él y mamá que siempre me dice que sí y no hay motivo para despertarla. Bueno, sí que tengo razones para despertarla pero no es buen augurio pedirle cosas imposibles o que no le interesan como dejarme o no veinte centímetros para dormir a su lado. Ellos duermen con todas las luces apagadas y el colchón es bastante ancho. El colchón es mi abismo, ahí me hundo ya lo dije antes. A la mañana siguiente me despierto y estoy sola en mi casa pero en mi cuarto están mis muñecas y en la biblioteca están Lucas Lenz y la obra de una mujer que se llama Agatha, a partir de ahora supongo yo voy a ver un poco de misterio todos los días por los próximos quince años. Dentro de quince años voy a ser un misterio. Voy a ser exitosa y amada y también exótica misteriosa un ejemplar. Entonces suena algo que parece el teléfono y pienso en que no dudaría la procedencia del ring ring ring si estuviera haciendo otra cosa y me despierto del sueño para atender el llamado. Cuando llego al comedor deja de sonar porque despertarse pararse correr conlleva más tiempo que algunos rings. Preparo un termo con agua caliente y le pongo hasta la mitad de yerba al mate de vidrio, prendo la televisión para darle importancia a algo y me encuentro sola en mi casa. Pero en mi cuarto hay un cuadro de Dalí y en la biblioteca están los Buendía y la obra de una mujer que se llama Alejandra.
Casa
En mi departamento de soltera hay una silla y un escritorio, sobre el escritorio toneladas de papel y un cenicero lleno de colillas y cigarrillos a medio fumar, porque la palabra solía llegar pesada y sólida y concatenada y había que apagar el asunto para no perder el flujo de la eternidad que estaba escribiendo ahí, en un papel en esa mesa, sentada en esa silla con un cigarrillo en una mano y un lápiz en la otra, en mi departamento de soltera que sigue ahí mismo donde lo dejé sobre la avenida Nazca a algunos metros de la plaza, en la cuadra del único hipermercado de la zona.
Nunca me fui de esa casa del malentendimiento, el tiempo pasado es más bien una forma de traspasar la puerta sin cerrojo del edificio que solo se abre por inercia al cartero y las viandas a domicilio. He dejado entrar al electricista alguna vez, he dejado salir al perro solo a orinar o hacer caca o nada y volver a entrar, he escuchado a los testigos de Jehová una o dos veces. Hubo quienes llamaron a la puerta y no recibieron respuesta, y también quienes no sabían que yo vivía allí ni les importaba, y quienes ni siquera se imaginaban que allí era un lugar del mundo. Algunas personas deben haber soñado con mi casa y conmigo dentro escribiendo o poniendo la pava llena de agua en el fuego.
Una vez un hombre tocó el timbre y preguntó por mi nombre. Pero mi departamento de soltera nunca es demasiado más que una oración larguísima.
sábado, 1 de noviembre de 2014
Ventana
La furia de la ventana cerrándose al viento encerrándome en mi casa con el humo de este cigarrillo que podría ser otro porque no es de las cosas que me importen.
El plato lleno esperándome en la mesa tampoco.
La mano enredada en los fideos tampoco.
El gato envenenándose con restos de comida tampoco.
Las baterías de mi cámara de fotos tampoco.
La prosa tampoco.
Tu ausencia cerrándose al viento encerrándome en mí misma con el humo de este cigarrillo que no podría ser otro porque lo estoy besando sí.
La soledad también.
viernes, 31 de octubre de 2014
La función de la luna
no siento que nada de esto
me esté
haciendo
no destruyendo
la luna
en el cabello negro de la niña
blanquísima
que era yo
escrita
que era yo
que era luna no haciéndome
miércoles, 29 de octubre de 2014
Anagnórisis
Se sale a no llorar por nadie no siendo eso un sinónimo de alegría, al aquelarre de muchos más nadies de pasado roto. No entiendo cómo se puede, cómo, evitar celebrar el olvido, evitar celebrar-lo que mejor no hubiera existido. La tartamudez de mi infancia es ahora parte de mi estética. También lo es saberse la dueña de la muñeca sin cabeza, fotografiando gárgolas.
Y soy yo, soy yo. Enferma de soledad, ay. Maravillosa. Y le escribo a la cabeza de la muñeca decapitada y al ladrido del perro moribundo. Soy yo en anagnórisis porque no sé nada de mí misma y me aprendo tan coherente tan. Con una objetividad que ay, hay cosas que no se pueden escribir. El vacío encantador, tanto hambre que no te deja comer. La boca desbesada y la ropa cosida al cuerpo, la lengua encadada pero la palabra enorme.
Pero no, hay cosas que no se pueden escribir.
lunes, 27 de octubre de 2014
El vals
viernes, 24 de octubre de 2014
Apagué la radio y tiré el aparato por la ventana
domingo, 19 de octubre de 2014
Llamada a Haruki Murakami
Ya no puedo decirte nada sobre esos fideitos de mierda que no te haya dicho antes. Lo que sea te lo voy a decir ahora como si la olla cayéndose y el agua hirviendo en la planta de los pies: yo no sé, ni el dolor de no saber. Cómo te explico este pelo revuelto, la falta de anteojos, estas diez de la mañana de este domingo: no sé. Ni eso ni nada. Qué me venís a preguntar lo que sea así descaradamente como si pudiese responder algo más que yo qué sé, a qué me venís por Dios, no (me) vuelvas a decir(me) la miseria, ni repitas nunca más (nun-ca más) nada que no sea spaghetti.
martes, 14 de octubre de 2014
Café
La vuelta al útero me intoxica, revuelvo con el dedo la taza negra para sentirme viva. Se enfrió muy rápido esperándome, como si supiera la casa entera lo que es la agonía. El pensamiento se hace demasiado tangible en el ritual de las siete de la tarde. Y quizás mi nombre ha de ser el sol de la noche, la causa del nacimiento siendo efecto del acto horrible, las piernas casi cerradas entrándose al impulso. El café tiene siempre la herida consigo en el nombre y en el documento: lo sirvo amargo y lo bebo frío, y en la ventana nocturna se proyectan la identidades del grano. Hay que perderse en el pasillo a la cocina antes de llegar la luna y aullarle al cariño como un perro a ese sabor dulce inexplicable que tienen de hipócrita las cafeterías, y arrastrarse a la noche mordiéndose el rabo que podría tenerse, esa extensión de la columna baja como una escalera a la infancia, de donde no se vuelve nunca, implícita en el vacío de la taza.
sábado, 11 de octubre de 2014
Lugar feliz
Parece mentira pero el lugar feliz se escribe: hay un lápiz y un cuaderno. Vos no estás. Pero no te preocupes porque puedo inventar en letras casi todo. Vos no estás pero si estuvieses serías celeste. Tendrías una taza caliente entre las manos y una mirada interesada en el detalle, podría ser también una cara de recién levantado que me haría feliz ver si existiese. Tendrías las uñas escamadas y algunas callosidades en los dedos de hacer tanta hermosura. Tu carácter sería una mierda y pedirías demasiadas explicaciones que yo te daría siempre. Pelearíamos como hermanos, nos retorceríamos como nunca.
Ya sé que estoy escribiéndote algo horrible, es el deseo. La soledad tiene muchas cosas bellas pero tiene la cosa punzante en el alma. Si existieras te lo explicaría con las manos apretadísimas entre sí, la presión de ese vacío de mierda. Vos me entenderías porque también sabrías la noche y me darías abrazos inmensos para curarnos, esos abrazos de almohada. Y vendrías a buscarme cuando mi hijo sale porque sabés lo mal que me hace su ausencia. También te daría hijos. Podríamos planear sus nombres juntos y pasar la vida entera. O quizás no te daría ninguno para no abrumarte: esto es dificilísimo. Pero las dos cosas serían perfectas. Podríamos emborracharnos, quién sabe, para ser más niños que durante el día. Y podría irme a dormir sola para que hagas lo tuyo y no molestarte, para que encuentres el rato fresco. Enojarme por la puerta abierta del baño o el piso mojado, o vos por el desorden, o los platos sucios, o porque le hablé a un hombre en el supermercado, o porque escribí algo hermoso sin tu nombre. Como ahora que estás infinito Dios sabe dónde y no te estoy buscando.
Cuando lo leas, explicame la apnea. Yo sé que soy un poco zafia para decir las cosas pero quiero que se entienda. Cómo te digo, cuando aparezcas. No me digas por qué tardaste tanto pero contame todo para hacerte visible. Decime el presente, esas cosas que son casi un insulto. El trabajo, el clima, algo de la televisión o el año de tu nacimiento. Dejame que me ocupe de desenterrar el resto mientras vos lo hacés conmigo.
Espero que algún día entiendas el motivo de mi carta: te estoy mandando los cariños que no nos dimos nunca.
jueves, 9 de octubre de 2014
Parásito
miércoles, 8 de octubre de 2014
Nombre II
La importancia del cigarrillo
martes, 7 de octubre de 2014
Niña
lunes, 6 de octubre de 2014
Desgraciada
Silenciófilo
miércoles, 1 de octubre de 2014
Odín
El gigante llora para alcanzarse las manos, se expresa sin saber la palabra, no le da la vuelta al asunto. No conoce el no dársele: es infinito, todopoderoso. Se come el mundo entero con prepotencia porque tiene derecho a hacerlo: sabe más de la vida que la humanidad toda. Es hecho, causa, efecto. Es universo. No lo limita el detalle de las manos, no necesita ayuda ni maestros, tampoco le importa el porvenir: es futuro, el pasado solo existe en heridas abiertas que aun no tiene. Ve de lejos a las personas que agonizan, llegó para enseñarles el cuerpo a los invisibles. Se presenta en silencio: algunos huyen tragados por el miedo, otros lo saludan incomprendidos en la existencia.
Él sonríe,
ellos pueden ser sus manos.
Nombre I
con la palabra
de mi vida
por favor
ya sé que se escribe solo
aullando
a gemidos
y
rasguños
Dios
que solo sé cómo se tiene
el cuerpo reventado
y el nombre
bien escrito
domingo, 28 de septiembre de 2014
Acto tercero
Acostada en la cama le duele la compañía. No, ya escribí esa línea.
Escribí infinitas.
Voy a decirles la muerte de nuevo.
Me duele el cuerpo. Perdí mi grito. Tengo 21 años.
Búsquenme si me encuentran: es un pedido de auxilio.
Es una convulsión
una apnea.
Se me atraganta el espíritu
en el papel de cuerpo.
Olvidé mis líneas.
jueves, 25 de septiembre de 2014
Al galope
por última vez
volvé
no maldigo más
no te ensucio más
no te ensucio la yegua blanca
sí, me acuerdo
la amansaste
y ahora no me rezás
relinchaba y vos tenías un rebenque para que se calle
la muy maldita te hacía caso
y te ibas así
al galope
como un mortal
pero siempre volviste
siempre
con esa yegua cansada que atabas a ese poste de mierda para que no se te escape
y te la robaron
y te pedí que llores
lo hiciste
la soltaste
y te pedí que me escuches una única vez y te lo dije:
volvé
miércoles, 24 de septiembre de 2014
Udrí
viernes, 12 de septiembre de 2014
Instructivo
Se hace el texto
1. Ninfómano
2. Sintáctico
3. Sentido
Se lee a solas y en voz alta
Se corrige
Se analiza
Se llora
Se le habla en español al espejo
Nace el poeta
1. Obligado
2. Absurdo
3. A solas y en voz alta
Se inventa el lector
1. Entrometido
2. Comprendido
3. Silencioso
La poesía se hace epitafio
martes, 9 de septiembre de 2014
Protagónico
Baja, no sabe bien dónde, pero no está tan mal si es Escalada: tiene que ir a Lavallol o no sé qué aledaño. Lo llama por si acaso, el teléfono medio a escondidas, la cartera aplastada bajo el brazo.
-Yo, de nuevo, ya estoy llegando.-
Camina una cuadra, dos o tres (no las cuenta) en la oscuridad, voltea la cabeza de vez en cuando. Se describe prejuicioso al conurbano, marcando el número de nuevo pero sin perder el ritmo.
Tropieza.
-La puta madre que lo re mil parió.-
Se levanta, se toca las rodillas golpeadas, mira la baldosa pasada para insultarla de cerca:
una mano.
2. Humana.
Se acelera, busca el teléfono, no lo encuentra, grita, Sebastián, dónde estás, por favor, alguien, acá, en la calle, gente, Sebas, un muerto, policía, auxilio, auxilio, socorro, auxilio, ayuda, Sebastián.
Llora, tiembla, se muerde los labios, empieza a correr. No ve porque lágrimas y noche, árboles, viento.
Golpea la puerta como loca a gritos y llanto, se muerde los labios de nuevo. Sebastián abre la puerta con una cuchilla con olor a cebolla porque la cena. Le mira los pies ensangrentados y la abofetea, cómo pudiste hacer esto Sol, imbécil, monstruo, hija de puta por qué me hiciste esto, qué te hice, te odio.
3. Rompe en llanto histérico, le devuelve el golpe y qué te hacés el inocente, enfermo, loco de mierda, vos quisiste escribir esta mierda de la muerte, ahora hacete cargo de la tuya, imbécil. Le saca el cuchillo de las manos y le apuñala el alma por el pecho porque boludito, te metiste conmigo. La sangre sale como disparada, cae al suelo, se ríe en voz alta el pelotudo me está tomando el pelo. Se lo clava de nuevo, tiene la suela de las botas llenas de sangre. Lo mete para adentro, lo besa, lo descuartiza, se guarda una mano de recuerdo en la cartera. Le guarda la comida en la heladera para que no se pudra.
4. Camina silbando a tomarse el colectivo de vuelta. Llega, sube, paga y se sienta en el asiento de adelante. El chofer la mira de reojo y acelera como si lo obligase. Le suena el teléfono y atiende.
-Qué hacés Sebas, ya salí, esperame con la cena lista.-
domingo, 7 de septiembre de 2014
Representaciones
Existen, como sea, el día y la noche (aunque se esté solo).
Existen los pájaros que cantan y también los que chillan.
Las flores y las piedras.
Existe el viento.
Existen los anfibios.
Existe la apnea y ahogarse.
Se hace lo inexistente, también como sea. Para lo impermisible hay que tomar coraje.
Se está solo.
viernes, 5 de septiembre de 2014
Odontograma
01.01.
Odontograma.
Faltan piezas, oclusión imposible.
Se le ve el alma por la garganta. Indico rx de tórax.
Buena higiene dental, la paciente hace buen uso de su soledad.
Se recomienda abrir la boca para decir.
Derivo a extracción de todo lo que se pueda: hay que dejarla muda sacándole todo lo de adentro.
Luego comenzar tratamiento protético con el especialista indicado.
Paciente alérgica a anestesias, aprovechar umbral de dolor muy alto.
No dar más turnos.
Episodio
jueves, 4 de septiembre de 2014
Las normas
Que sea mejor ignorancia.
martes, 2 de septiembre de 2014
Nota al pie
Me duelen los pies tanto tanto que casi me tropiezo tantas veces que los tacos de mis zapatos* y el taco en la mano como tres cuadras rompiéndome la paciencia y este taco de mierda justo ahora se me viene a romper que estoy yendo a verlo y si vuelvo se me hace tarde y ya estuve eperando bastante tiempo como para que me pase esto justo ahora que no tiene remedio y me va a ver así y me va a decir tantas cosas roñosa pobre tantas cosas horribles y seguro le lloro con la sonrisa picantita de mierda que me sale cuando me da vergüenza y me sonrojo y ay mi taco por Dios no puede pasarme nada peor en este día tan horrible y se pone a llover y yo toda empapada y las frenadas por todos lados que me dejan sorda por favor me tiene que salir algo bien no puede verme así de descuidada no voy a poder prestarle atención Dios mío Dios hacé algo ahora que se me empañan los anteojos y no veo una mierda esta calle de porquería empedrada y si la próxima es Cuenca y no doblo y no llego más a verlo y el semáforo hijo de puta que no anda y yo con la vista toda empañada ya veo que en cualquier momento
*Está descalza
lunes, 1 de septiembre de 2014
Suspensión del miedo
La mira, y lo hace muy bien. Pies delgados, lastimados, uñas firmes, la frazada de lana gruesa como de una abuela y las manos en el libro. Por favor no lo cierres, no me cierres. Y le hace caricias en la cara húmeda y le dice no te vayas, nunca más te hago esto, perdoname, no me cierres. Y la mira en silencio. Le cuenta de Amadís de no sé dónde que no importa, de Sheherazade mil noches como esa. La enreda como a Alicia pero no salgas. Se busca las manos y no se las encuentra, la toca como puede. Le dice en silencio todo eso y es suficiente porque no lo está escuchando: lee concentradísima. La peina y la viste, la lleva como de paseo. Se queda dormida con con el libro en el regazo, casi sentada. Mejor así porque cerrado vas a tener miedo siempre, imbécil. Barre los vidros del piso, con un soplido hace un cristal de la ventana rota y es el día.
Del miedo
domingo, 31 de agosto de 2014
Carrousel
No sé quién es.
La leo como si flores y caballos de carrousel, como si jaulas abiertas y aves en libertad. Como el cabello dorado, jalado con fuerza, tirante y lagrimitas inmaculadas de peinado para el primer día de jardín (en la foto se la ve sonreir con la inocencia virgen). Como abriéndose a la infancia invisible, incesante, insensata. Como si la voz se le torciera aguda y las palabras tan saliéndole del cuerpo, como esculpiéndolas, como brillantes. Como ideas invisibles de la adultez perfecta, raíces dentro y tulipanes fuera. La leo de rosa con corazones y de alma huerfanita, como si quisiera abrazarla para que le pase otra cosa, que le suceda lo impermisible, como dándole aliento para que escriba todo lo demás.
La veo y es poemas.
viernes, 29 de agosto de 2014
Insorcismo
Aparece como la licantropía, la luna lo observa.
Se escribe solo y el lector se avergüenza,
reza en silencio porque tiene miedo.
Se arrodilla para no lastimarse,
se lastima para no romperse: el alma le entra al cuerpo.
Le sangran las palabras, la respuesta.
Donde estés el poema se escribe.
jueves, 28 de agosto de 2014
Sobre pertenecerse
Ser madre es serse ajeno. Concebir es hacerse amniótico, interno, profundo. Se debe sufrir hasta parirse con el otro, progresivamente. La náusea y el apuro hacen a las madres, el deseo queda como hundido en la zona lumbar, azotándolas.
Se pare como un final esperado, más como una tregua. Se pare durante horas, se agoniza, se llora: hay que retorcerse para hacerlo bien, hay que hacerlo sola para que no sea un castigo. Hasta la creación en las manos, en los pechos, en el tacto todo.
Después de la apnea ya no se llora por un instante: se entiende otra persona el castigado. Se enciende una luz entre la sangre de los ambos y el camisón blanco y se está completamente solo, inválido, en coma armónico. Solo existe un segundo de dos ojos que no se entienden y se llora calostro porque a dónde lo llevaron.
Los niños sufren a las madres, las necesitan. Las desgarran y apuñalan sin querer, como dibujando una pared. La simbiosis es instintiva para los niños, las madres los entienden como parásitos hasta que se caen de la cuna y entonces las lágrimas y es todo mi culpa. O hasta que se enferman y es todo mi culpa, o hasta que se van a jugar solos y no me quiere más. Entonces se entiende simbiótica, ajena, y muta indeleble.
domingo, 24 de agosto de 2014
De la agonía
La virgencita de no sé dónde en el techo como dibujada con la mente. En la capilla hay olor a caldo de llorones y las hermanitas de la congregación de algo como la pena. Los hambrientos esperan afuera. Todos entran. El sacerdote lee la Biblia. La gente le pide cosas que no existen para que se las pida a Dios. Él le pide como borracho la paz, el amor, el pan y no sé qué piensa de la Biblia. La cierra. El curita piensa que todos están locos. La misa termina. Los locos se van satisfechos y no tienen hambre hasta el día siguiente. Dios se queda con la paz porque nadie fue a buscarla.