A veces no sé escribir la media taza levantándola vos, café, y hacer el resto del ritual: morder la voz, cantante, y ensayar qué decirte anoche.
Cuando se deshace no es posible amar más, el dibujo te desata la trenza varonil un poco. Se te aparecerá como una llamarada en tu hoja ceniza, y no es creíble que no estés agonizando, la pena tiene un nombre diferente en tu apocalipsis.
Desprenderse es crecer a niño, y el juego, un impulso mamífero. Parir de la herida a la muñeca muda, aunque tendrás tus juguetes favoritos.
El tiempo no se puede. Volverse es profanarse, entendiste bien lo de desgarrarse la boca.
En este poema estoy teniendo demasiadas.
En este poema no hay beso para la palabra.
lunes, 24 de noviembre de 2014
Anoche
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