domingo, 28 de septiembre de 2014

Acto tercero

Acostada en la cama le duele la compañía. No, ya escribí esa línea.
Escribí infinitas.
Voy a decirles la muerte de nuevo.
Me duele el cuerpo. Perdí mi grito. Tengo 21 años.
Búsquenme si me encuentran: es un pedido de auxilio.
Es una convulsión
una apnea.
Se me atraganta el espíritu
en el papel de cuerpo.
Olvidé mis líneas.

jueves, 25 de septiembre de 2014

Al galope

escuchame de nuevo
por última vez
volvé
no maldigo más
no te ensucio más
no te ensucio la yegua blanca
sí, me acuerdo
la amansaste
y ahora no me rezás
relinchaba y vos tenías un rebenque para que se calle
la muy maldita te hacía caso
y te ibas así
al galope
como un mortal
pero siempre volviste
siempre
con esa yegua cansada que atabas a ese poste de mierda para que no se te escape
y te la robaron
y te pedí que llores
lo hiciste
la soltaste
y te pedí que me escuches una única vez y te lo dije:
volvé

miércoles, 24 de septiembre de 2014

Udrí

Ahora que lo pienso ya no sé besar, quiero decir, como para saciar el hambre. La definición en el olvido de amar a alguien, qué sé yo cómo se hace. Cómo se siente la vida sin que te anden pateando, sin lloriquear, te juro que no sé. Mirá, puedo decir que crecí, que la niña no existe más, beso de otra manera, cómo te explico... como la cosa altruista, como un sacrificio. Vos viste que así no se hace, ese beso superfluo a quién le importa. Besar con ganas, no sé adónde guardé las ganas, eso de la pasión bordeaux, del amor ibahí. Lo hago como si me hubieran castrado, con esta cara, sí, cara de asexuada, de pusilánime, de para qué sirve. Y más vale que no sirve para nada besar un hombre así como besaría a una caja. Pero, viste, yo te dije, como a una caja: como órganos y células en una bolsa de tejido y punto. Si todos fueran así, ay, quizás no me estaría planteando tanta cosa y estaría mejor. Pero qué más da, no quiero desearle la muerte a nadie... y morirme menos. Eso de andar suicidándose yo no lo entiendo, te lo juro. Se sufre tanto... como si una eligiese, después se dice qué estúpida que fui. Pero como te decía, yo aprendí a besar sin morirme, mejor dicho, me acostumbré. En la soledad, viste, me desenamoré tremendamente. Ya me olvidé del beso espontáneo, de esa apnea intermitente del amor recíproco. Ahora soy una caja: ya no sé besar, quiero decir, como para saciar el hambre.

viernes, 12 de septiembre de 2014

Instructivo

Se hace el texto

1. Ninfómano
2. Sintáctico
3. Sentido

Se lee a solas y en voz alta
Se corrige
Se analiza
Se llora
Se le habla en español al espejo

Nace el poeta

1. Obligado
2. Absurdo
3. A solas y en voz alta

Se inventa el lector

1. Entrometido
2. Comprendido
3. Silencioso

La poesía se hace epitafio

martes, 9 de septiembre de 2014

Protagónico

1. Se hace la noche en la ventanilla del 37, el chofer la mira de reojo y maneja tan rápido que pareciera apurado. En diez estamos.
Baja, no sabe bien dónde, pero no está tan mal si es Escalada: tiene que ir a Lavallol o no sé qué aledaño. Lo llama por si acaso, el teléfono medio a escondidas, la cartera aplastada bajo el brazo.
-Yo, de nuevo, ya estoy llegando.-
Camina una cuadra, dos o tres (no las cuenta) en la oscuridad, voltea la cabeza de vez en cuando. Se describe prejuicioso al conurbano, marcando el número de nuevo pero sin perder el ritmo.
Tropieza.
-La puta madre que lo re mil parió.-
Se levanta, se toca las rodillas golpeadas, mira la baldosa pasada para insultarla de cerca:
una mano.

2. Humana.
Se acelera, busca el teléfono, no lo encuentra, grita, Sebastián, dónde estás, por favor, alguien, acá, en la calle, gente, Sebas, un muerto, policía, auxilio, auxilio, socorro, auxilio, ayuda, Sebastián.
Llora, tiembla, se muerde los labios, empieza a correr. No ve porque lágrimas y noche, árboles, viento.
Golpea la puerta como loca a gritos y llanto, se muerde los labios de nuevo. Sebastián abre la puerta con una cuchilla con olor a cebolla porque la cena. Le mira los pies ensangrentados y la abofetea, cómo pudiste hacer esto Sol, imbécil, monstruo, hija de puta por qué me hiciste esto, qué te hice, te odio.

3. Rompe en llanto histérico, le devuelve el golpe y qué te hacés el inocente, enfermo, loco de mierda, vos quisiste escribir esta mierda de la muerte, ahora hacete cargo de la tuya, imbécil. Le saca el cuchillo de las manos y le apuñala el alma por el pecho porque boludito, te metiste conmigo. La sangre sale como disparada, cae al suelo, se ríe en voz alta el pelotudo me está tomando el pelo. Se lo clava de nuevo, tiene la suela de las botas llenas de sangre. Lo mete para adentro, lo besa, lo descuartiza, se guarda una mano de recuerdo en la cartera. Le guarda la comida en la heladera para que no se pudra.

4. Camina silbando a tomarse el colectivo de vuelta. Llega, sube, paga y se sienta en el asiento de adelante. El chofer la mira de reojo y acelera como si lo obligase. Le suena el teléfono y atiende.
-Qué hacés Sebas, ya salí, esperame con la cena lista.-



domingo, 7 de septiembre de 2014

Representaciones

Existen, como sea, el día y la noche (aunque se esté solo).
Existen los pájaros que cantan y también los que chillan.
Las flores y las piedras.
Existe el viento.
Existen los anfibios.
Existe la apnea y ahogarse.
Se hace lo inexistente, también como sea. Para lo impermisible hay que tomar coraje.
Se está solo.

viernes, 5 de septiembre de 2014

Odontograma

01.01.
Odontograma.
Faltan piezas, oclusión imposible.
Se le ve el alma por la garganta. Indico rx de tórax.
Buena higiene dental, la paciente hace buen uso de su soledad.
Se recomienda abrir la boca para decir.
Derivo a extracción de todo lo que se pueda: hay que dejarla muda sacándole todo lo de adentro.
Luego comenzar tratamiento protético con el especialista indicado.
Paciente alérgica a anestesias, aprovechar umbral de dolor muy alto.
No dar más turnos.

Episodio

Se enfría el pensamiento, no siendo que la sangre llega tibia a la sinapsis haciéndose a un lado de la muerte (la frialdad tiene tantos hervores como el placer y la agonía). El mortal hace rituales, se le congela la lengua, se hace fuego del golpe, se le concede la palabra. La palabra es ceniza de escritor débil (lo quema, lo incendia), como poeta de papel de seda, como de telaraña: se suicida desde su puño, se envenena con adjetivos, se hace abismo. No se siente explicado, se inventa consumido por la fantasía. La suerte hace que nadie lo lea como es hasta el episodio siguiente.

jueves, 4 de septiembre de 2014

Las normas

Se va (el tren) en filita como de niños máquina detrás de la cabeza docente a hacer la actividad sin ensuciarse, sin explorarla, sin triturarla con manos pequeñas; a cantar la canción al unísono, a pronunciar la palabra como es porque así es, a enderezar la letra espejada porque está mal. Sentaditos y tranquilitos. Y qué es el pájaro, el avión, la flor, la mamá sino un garabato que también está mal porque nunca Van Gogh y siempre las manos pequeñas y la capacidad motriz. Se hace así la sabiduría, el límite: en ronda para verse las caras, de la mano afirmando el sofismo, con la cola en el piso para no cuestionarselo. Las sé de infante: prohibido pararse, prohibido enunciar sin levantar la mano y prohibido preguntar lo que no quiere responderse.
Que sea mejor ignorancia.

martes, 2 de septiembre de 2014

Nota al pie

Me duelen los pies tanto tanto que casi me tropiezo tantas veces que los tacos de mis zapatos* y el taco en la mano como tres cuadras rompiéndome la paciencia y este taco de mierda justo ahora se me viene a romper que estoy yendo a verlo y si vuelvo se me hace tarde y ya estuve eperando bastante tiempo como para que me pase esto justo ahora que no tiene remedio y me va a ver así y me va a decir tantas cosas roñosa pobre tantas cosas horribles y seguro le lloro con la sonrisa picantita de mierda que me sale cuando me da vergüenza y me sonrojo y ay mi taco por Dios no puede pasarme nada peor en este día tan horrible y se pone a llover y yo toda empapada y las frenadas por todos lados que me dejan sorda por favor me tiene que salir algo bien no puede verme así de descuidada no voy a poder prestarle atención Dios mío Dios hacé algo ahora que se me empañan los anteojos y no veo una mierda esta calle de porquería empedrada y si la próxima es Cuenca y no doblo y no llego más a verlo y el semáforo hijo de puta que no anda y yo con la vista toda empañada ya veo que en cualquier momento

*Está descalza

lunes, 1 de septiembre de 2014

Suspensión del miedo

La mira, y lo hace muy bien. Pies delgados, lastimados, uñas firmes, la frazada de lana gruesa como de una abuela y las manos en el libro. Por favor no lo cierres, no me cierres. Y le hace caricias en la cara húmeda y le dice no te vayas, nunca más te hago esto, perdoname, no me cierres. Y la mira en silencio. Le cuenta de Amadís de no sé dónde que no importa, de Sheherazade mil noches como esa. La enreda como a Alicia pero no salgas. Se busca las manos y no se las encuentra, la toca como puede. Le dice en silencio todo eso y es suficiente porque no lo está escuchando: lee concentradísima. La peina y la viste, la lleva como de paseo. Se queda dormida con con el libro en el regazo, casi sentada. Mejor así porque cerrado vas a tener miedo siempre, imbécil. Barre los vidros del piso, con un soplido hace un cristal de la ventana rota y es el día.

Del miedo

Se hace de noche. Acostada en la cama le duele la compañía, se vuelve: en la otra plaza no hay nadie. Piensa en canciones por si las pesadillas. Es libre, cierra los ojos y vuelven los monstruos. Se levanta descalza. Corre a la puerta y se encierra, llama a gritos a la madre que no tiene. Se le revuelve el estómago, llora las contracciones. Se escucha un vidrio romperse, el viento le grita por la ventana, la insulta. Se arranca el pelo que se le está volando, se arrodilla, tiembla. Llora y las lágrimas tibias como sangre, las seca y se mira las manos: tiene los dedos casi petrificados, pero limpios. Se encuentra en su cabeza, se pide a sí misma que por favor se calme, por favor calmate. Inhala, mira por la ventana rota. Vuelve cuidadosa a la cama, se tapa mientras mira el parqué sucio y la ventada estallada. Exhala el aire exagerada, llora de nuevo. Saca un libro del cajón de la mesa de luz, prende un velador que despierta a alguien y se voltea a mirarla.