viernes, 5 de septiembre de 2014
Episodio
Se enfría el pensamiento, no siendo que la sangre llega tibia a la sinapsis haciéndose a un lado de la muerte (la frialdad tiene tantos hervores como el placer y la agonía). El mortal hace rituales, se le congela la lengua, se hace fuego del golpe, se le concede la palabra. La palabra es ceniza de escritor débil (lo quema, lo incendia), como poeta de papel de seda, como de telaraña: se suicida desde su puño, se envenena con adjetivos, se hace abismo. No se siente explicado, se inventa consumido por la fantasía. La suerte hace que nadie lo lea como es hasta el episodio siguiente.
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