1. Se hace la noche en la ventanilla del 37, el chofer la mira de reojo y maneja tan rápido que pareciera apurado. En diez estamos.
Baja, no sabe bien dónde, pero no está tan mal si es Escalada: tiene que ir a Lavallol o no sé qué aledaño. Lo llama por si acaso, el teléfono medio a escondidas, la cartera aplastada bajo el brazo.
-Yo, de nuevo, ya estoy llegando.-
Camina una cuadra, dos o tres (no las cuenta) en la oscuridad, voltea la cabeza de vez en cuando. Se describe prejuicioso al conurbano, marcando el número de nuevo pero sin perder el ritmo.
Tropieza.
-La puta madre que lo re mil parió.-
Se levanta, se toca las rodillas golpeadas, mira la baldosa pasada para insultarla de cerca:
una mano.
2. Humana.
Se acelera, busca el teléfono, no lo encuentra, grita, Sebastián, dónde estás, por favor, alguien, acá, en la calle, gente, Sebas, un muerto, policía, auxilio, auxilio, socorro, auxilio, ayuda, Sebastián.
Llora, tiembla, se muerde los labios, empieza a correr. No ve porque lágrimas y noche, árboles, viento.
Golpea la puerta como loca a gritos y llanto, se muerde los labios de nuevo. Sebastián abre la puerta con una cuchilla con olor a cebolla porque la cena. Le mira los pies ensangrentados y la abofetea, cómo pudiste hacer esto Sol, imbécil, monstruo, hija de puta por qué me hiciste esto, qué te hice, te odio.
3. Rompe en llanto histérico, le devuelve el golpe y qué te hacés el inocente, enfermo, loco de mierda, vos quisiste escribir esta mierda de la muerte, ahora hacete cargo de la tuya, imbécil. Le saca el cuchillo de las manos y le apuñala el alma por el pecho porque boludito, te metiste conmigo. La sangre sale como disparada, cae al suelo, se ríe en voz alta el pelotudo me está tomando el pelo. Se lo clava de nuevo, tiene la suela de las botas llenas de sangre. Lo mete para adentro, lo besa, lo descuartiza, se guarda una mano de recuerdo en la cartera. Le guarda la comida en la heladera para que no se pudra.
4. Camina silbando a tomarse el colectivo de vuelta. Llega, sube, paga y se sienta en el asiento de adelante. El chofer la mira de reojo y acelera como si lo obligase. Le suena el teléfono y atiende.
-Qué hacés Sebas, ya salí, esperame con la cena lista.-
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