Ya no puedo decirte nada sobre esos fideitos de mierda que no te haya dicho antes. Lo que sea te lo voy a decir ahora como si la olla cayéndose y el agua hirviendo en la planta de los pies: yo no sé, ni el dolor de no saber. Cómo te explico este pelo revuelto, la falta de anteojos, estas diez de la mañana de este domingo: no sé. Ni eso ni nada. Qué me venís a preguntar lo que sea así descaradamente como si pudiese responder algo más que yo qué sé, a qué me venís por Dios, no (me) vuelvas a decir(me) la miseria, ni repitas nunca más (nun-ca más) nada que no sea spaghetti.
domingo, 19 de octubre de 2014
Llamada a Haruki Murakami
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