viernes, 19 de diciembre de 2014

Caso 1

Mirá esto: la muerte es un anillo, se pierde en mi mano, te apunto con el dedo índice. Soy muy curiosa, tu reacción asertiva me abre el cuerpo al mundo.
Primero estos ojos llenos de espejos, esto sucede porque escribo. Sostenés lo insostenible, lo inevitable; acto seguido el alma es expulsada como un aro de humo por la boca, vos suspendés la respiración con un grito mudo y decís mi nombre: yo tampoco puedo respirar ahora.
La lámpara se balancea compasiva. Aparecés diafragmático, perturbado. Yo no te lastimé, yo estoy bien: hay casos que la ciencia no puede abarcar, y yo me pregunto por qué nos duele. Decís que hay una densidad diferente en el lado frágil de la cumbre, que los pulmones se comprimen más de lo que se dilatan. Yo intento tocar tu invisibilidad con la lengua y te llamo a la luna como un perro huérfano para que alguien me quiera, me esfuerzo para ser el pujo.
De algún modo termina todo con la puerta siemprentreabierta y el pesar intacto.

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