miércoles, 1 de octubre de 2014

Odín

El gigante llora para alcanzarse las manos, se expresa sin saber la palabra, no le da la vuelta al asunto. No conoce el no dársele: es infinito, todopoderoso. Se come el mundo entero con prepotencia porque tiene derecho a hacerlo: sabe más de la vida que la humanidad toda. Es hecho, causa, efecto. Es universo. No lo limita el detalle de las manos, no necesita ayuda ni maestros, tampoco le importa el porvenir: es futuro, el pasado solo existe en heridas abiertas que aun no tiene. Ve de lejos a las personas que agonizan, llegó para enseñarles el cuerpo a los invisibles. Se presenta en silencio: algunos huyen tragados por el miedo, otros lo saludan incomprendidos en la existencia.
Él sonríe,
ellos pueden ser sus manos.

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