Jacinta, toma mi mano y sigue bailando, que no te quite la vista la luz del sol, es sólo un disco de oro y flores, ornamento de tu rostro, sólo lo hacen ver más hermoso. Quita ese paño de tus ojos ciegos, que esos rayos no hieren más de lo que yo te amo, quita ese paño de tus ojos, que el corazón no siente.
Mis alas, vuela con la música, que aún es primavera y dejará de serlo cuando termines tu pieza. Danza, no dejes caer a la lluvia, no dejes que mis alas se apaguen, que el agua me arrastre, que el suelo me trague, no creerás los juegos que aún nos quedan por compartir.
Aférrate a mi espalda. Aférrate segura, lepidóptera, que juntos somos azules como los cristales del río. Jacinta, hazlo, no quieras que el polen mate a las flores, no quieras que no haya viento del oeste, ¿Por qué no oyes? ¿Por qué somos extraños si mi amor es fuerte?
Siempre temblando, no temas, no huyas de mí, acércate y te mostraré el camino, estás en la dirección equivocada. No lo sigas, es sólo un pigmento áurico, no serás eterna a su lado, por favor, que en tu ausencia trato de volar y caigo, y me siento tan pequeño, Jacinta.
Al oler una flor me hundo en nada, ya no siento fragancia alguna, sólo tu perfume que penetra mis sentidos sin siquiera tenerte cerca. Jacinta, tu bienestar está asegurado aquí, cambiar de aires no es lo indispensable, dame tu beso infinito, sólo eso pido.
Levántame del suelo, nadie más puede hacerlo, sólo tú puedes pagar mi rescate. Jacinta, baila, que comienzan a llover mis ojos y tu gracia los mantiene en pie, la lluvia, la lluvia me quema la piel como ácido, me impide esfumarme en el aire y estoy cayendo de forma abismal.
Cae conmigo, Jacinta, mi plumaje dañado ve como golpean las cerdas de oro contra tus pétalos violáceos, desde la tierra fría. Cae, aquí te espero.
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