Sus pies colgando libres y desnudos eran dignos de admirar, con sólo observarlos se sabía matemáticamente y con detalle su anatomía.
Estaba cubierta, pero aún así se nos permitía imaginar su piel que sería suave y pálida para algunos aunque para otros, la gran mayoría, no.
Elena, ese era su nombre, no sonaba para nada especial, pero lo era simplemente por pertenecerle a ella. Me acerqué y mis caricias filosas la perturbaron aunque no llegó a mostrar reacción alguna, su cuerpo estaba paralizado, parecía asustada, pero no lo estaba.
Decidí usar otras de mis armas, rocé su cuerpo una, dos, tres veces, la investigué cautelosamente con mis manos hasta el hartazgo.
La frialdad de su piel me indignaba, escondía secretos en ella, secretos que estarían a punto de ser descubiertos por mí y mi curiosa cabecita morbosa.
Comenzaba a sudar cuando, de repente, noté una reacción silenciosa que me abrió los ojos. "Gancedo, María Elena // Lunes 06/09/2009 23:45 // Intoxicación por nitroglicerina seguida de falla cardiovascular // Tomé nota de ello.
No hay comentarios:
Publicar un comentario