Dormido y cabizbajo caminó
recordando el cantar de las sirenas,
mirándolas moverse entre la arena,
faltantes en el mar que las echó.
Soltó sus anclas al partir el sol,
la luna aparecía con sus penas,
sigilo y desdén corren por sus venas
¿dónde ha de encontrar eso que perdió?
Recuerda el día en que las dejó ir
mientras lo arrasaba el frío viento,
fascinado por lo que iba a ocurrir.
Sola, ella y sus más crueles tormentos,
lamentándose por tanto mentir
siguió de pie hasta el penúltimo aliento.
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