Creo que vivo en penumbras
y que quizás debería coserme la boca
solo para no comerme.
Soy un silencio
o quizás ruido ensordecedor,
pero nunca música.
Una luz blanca
de esas que encandilan
y dan ganas de matar.
Incluso un espejo
que refleja mierda
y, claro, apesta hasta su imagen.
Soy azúcar
en la cantidad que quema
y carcome los dientes.
Y ni siquiera soy Lucifer,
un mal encantador,
soy deshechos de mortal.
Soy el abismo
entre los abismos
donde solo hay abismos.
Y el vértigo
de un ciego
en la llanura.
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