Con estigmas cuasiformes y atravesantes en la sien,
como hechos con un clavo y el punto profundo,
como si de pesares se tratase,
vivo.
Un hombre o animal
tangible
como freudiano detrás de la puerta.
Dos golpes secos y "te amo" dijo,
pasó y me besó los labios de uvas.
Recé entonces:
"Señor, yo no soy digno de que entres en mi casa pero una palabra tuya bastará para sanarme.
Y si existe en un vocablo pagano representado el Amén, entonces."
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