lunes, 3 de noviembre de 2014

Edilicia

Hay que saber algunas palabras en latín para decir Kandinsky, un poco de sintaxis para dibujar el plano y poner el punto. El punto final me decían en la escuela y en la universidad, el punto en la hoja, un poco de inicio, eso quiere decir dibujar. Se empieza con la A y se termina con la gráfica que habla un poco de la vida antes de la vida: el obrero lleno de cal y deus ex machina son la misma persona. La construcción, el inicio de los inicios. A veces hay que ser un poco más casa que poeta.
Hoy soy una casona con un balcón larguísimo y tengo tres ventanales negros que dan al abismo
1. La palabra
2. La agonía
(y finalmente)
3. El derrumbe
Soy un poco de todas las ventanas. Ningún otro inmueble se parece a mí al menos en esta avenida. También soy el balcón de hierro forjado, con H, soy la letra H y el peligro de derrumbe entre edificios cuadrados, soy la O redonda, los cimientos húmedos. Así soy el frente.
Abajo tengo un banco internacional donde la gente entra y sale y se toma los taxis que me canso de esperar. La puerta está escondida a un lado pero es altísima, o todos los que se atreven a entrar son minúsculos. Hay un pasillo largo, soy ese pasillo eterno.
El pasillo no lleva a ninguna parte.
La infancia es arquitectura.

1 comentario:

Dylan Forrester dijo...

Poéticamente certera y degustable.

Saludos.