Con esto quiero decir que entiendo todo menos ahora mismo, menos el prólogo y la firma en el antilibro. La misma palabra pero sin H: quiero escribirte lo imposible en mayúsculas porque te debo bastante compañía. Perdón por mentir tan descaradamente, la limitación cruzada y la intersección de tu nombre me invitan a no salarte las heridas. Hay un punto en el que el beso no sucede y es así perfecto, aunque lo desee. La sola idea enferma de hacerlo me desorbita.
Ayer dije en voz alta que no iba a hablarte, y a los pocos segundos tu mensaje lo sucedió por completo. Dije que no y estabas vivo preguntándome, en otra parte más lejos que adonde estaba yendo. Cometí el error de todos los días abriéndote la puerta a la insanía que desconocés de mi cuerpo. Entonces sudé y esperé dos mil años hasta esta mañana en la que volví a jurarme que no volvería a hacerlo.
Y ya es mediodía y otra vez te quiero.
martes, 24 de febrero de 2015
Dos mil
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