miércoles, 25 de febrero de 2009

Mente (2008)

El cielo estaba tan cercano, alzaba mi mano y mis dedos abrían suavemente las nubes, sentía como una tela de araña, brillante, abundante, suave, que al atravesarla con mis yemas, con un mínimo movimiento, me llevaba a otro cielo, aún mejor y más alto, más celeste y grande, más lindo. Miraba hacia abajo y me extrañaban tantas cosas, ¡Todo se veía tan pequeño!, veía las callecitas angostas que se ensanchaban al cruzar la General Paz, nunca lo había notado, debe estar bueno tener un rascacielos para observar tales detalles, los perros parecían cucarachitas, las cucarachas, hormigas, las hormigas, partículas subatómicas, y pensar que hay tantas y ni se ven las pobres. Cuando uno mira el cielo desde la tierra, un día de enero como hoy, ve un celeste hermoso y perfecto, las nubes delineadas de un blanco perfecto, el sol desparramando colores y luz, todo perfecto, pero, cuando uno ve la tierra desde acá arriba ¡Dígame que se imagina lo lindo que es! Todo chiquitito, imagínese, cuando Usted ve a un niño pequeño seguramente se le escapa el corazón del pecho, ¿No es así? Imagínese ver todo un mundo pequeño, ni con un avión se podría ver todo junto, y con esta perspectiva... ¡Y aún me faltaban kilómetros por subir! Ay, yo me imaginaba una esfera redondita, como una canica o una perla quizás, azul y verde, o quizás más blanquecina, por las nubes, sobre un fondo azul muy oscuro como el cielo de noche del campo, que brilla más que ningún otro, ¡Y estaba en lo cierto, pero no sabía la intensidad de la cosa! El cielo, ¡Nunca vi belleza semejante! oscuro como la noche, aunque fuera de tarde, de noche, de mañana, oscuro, oscuro como un diamante negro, ¡Un diamante en bruto! Pero se me terminó la función, ahora veo todo más feo ¡Más feo que cuando estaba en pie aún! Miro hacia arriba, tierra, izquierda, tierra, derecha, tierra, abajo, tierra ¡Tierra, tierra, tierra! Supongo que el que juzga es justo, y por eso juzga, y por eso nos manda acá o allá, ¡Maldita seas, divina justicia!

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