miércoles, 25 de febrero de 2009

Non Pacific (2008)

Inspirado en la canción Non Violence (2008), creada por Gonzalo "Milhouse" Palacios.

    La marea subía por las noches, calma, no se veía afectada por el viento, que soplaba fuerte contra las velas del Non Violence; una música se proyectaba contra ellas, delicada, pero aún así, Ella la creía un chillido de la naturaleza en altamar. Los agudos de las gaviotas madrugueras complementaban la dulce canción, y sus órdenes de comando la hacían sonar aún más expresiva y melodiosa. Él hasta sudaba por su humilde cantar, y por los rayos que el sol echaba como lanzas a su espalda, Ella lo miraba fijo, y las lanzas se clavaban en sus ojos, reflejándolos como dos diamantes azules subacuáticos, que sólo eran un par de ojos grises para Él. Ella no oía la música que creaba al ordenar dirigirse a babor, con ayuda de la brisa oceánica, y Él no veía cómo el sol penetraba el iris claro de sus ojos.
    Y no había un destino, ni un punto de partida: sólo un viaje; no había un algo en común: sólo un navío con velas y una botella de ron a medio tomar; no había, tampoco, sentimientos encontrados, ni historias por contar: sólo un escape de la justicia y la ciudad. No eran piratas, pero sí foragidos; No eran prófugos, pero sí escapaban de un pasado secreto para el otro.
    No creían en el amor en sí, pero sabían con certeza que esa era la solucion a cualquier problema que se presentase en el mundo. Ambos sabían la respuesta al sueño de un pensador o músico, del sueño de una escritora o artista plástica, de cambiar al mundo: el amor. Aquel amor que los inspiraba a todo lo que hacían, pero nunca habían experimentado, que era confuso, y a veces hasta erróneo, aquel amor que era inconfundible.
    El sentimiento más terrorífico que habían sentido al verse, el temor que Ella sintió al rozar su piel aquél verano en el Pacífico que le impedía escuchar la maravillosa música que su voz proyectaba contra sus ojos, que los hacían brillar como perlas y que Él no veía, porque estaba aterrorizado desde que acarició su pelo a la luz de la gran luna que se reflejaba en el océano. El susto que se pegaron esa noche en el Non Violence, juntos, que les dió miedo, un miedo nuevo que nunca habían sentido ni en sus corazones ni en sus cuerpos, y que aquella primera vez habían conocido.
    Sus ojos brillaron y Él lo notó por primera vez, gritó -¡Tierra!- y Ella lo escuchó cantar; y el viaje había terminado, junto con el ron y el escape. El continente los alejó, pero siempre tuvieron miedo del retorno del otro.

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